Colón, Qro.- La comunidad escolar de la telesecundaria Congreso de Anáhuac, ubicada en La Esperanza, enfrenta un problema que ya no puede ser tratado como un incidente aislado: actos de vandalismo recurrentes, amenazas escritas dentro del plantel y una creciente preocupación entre madres y padres de familia que piden medidas reales de seguridad.
De acuerdo con testimonios de padres que solicitaron mantener el anonimato por seguridad de sus hijos, en días pasados la escuela fue vandalizada y aparecieron mensajes amenazantes en los que se advertía sobre un supuesto tiroteo para los días miércoles y jueves. La situación provocó temor entre estudiantes y familias, al grado de que fue suspendido el festejo del 10 de mayo.
El señalamiento más delicado no está solamente en el acto vandálico, sino en la respuesta institucional. Padres de familia afirman que esta no es la primera vez que la escuela es dañada, pues ya habría sido vandalizada en al menos tres ocasiones anteriores. Aun así, aseguran que no se han tomado medidas suficientes para impedir que personas ajenas ingresen al plantel.
La petición de los padres ha sido concreta: instalar cámaras de vigilancia en patios y alrededores de la escuela, no dentro de los salones, con el fin de identificar a quienes ingresan y dañan las instalaciones. Sin embargo, hasta ahora, esa solicitud no ha tenido una respuesta efectiva.
También existe inconformidad con la postura inicial de la dirección escolar, pues, según los testimonios, en un primer momento se habría resistido a informar con claridad sobre lo ocurrido. En temas de seguridad escolar, el silencio no protege: al contrario, aumenta la incertidumbre.
Pero la crítica principal apunta hacia la autoridad municipal. En una comunidad donde una escuela ha sido vandalizada en repetidas ocasiones y donde incluso aparecieron amenazas que alteraron la vida escolar, la Presidencia Municipal de Colón no puede limitarse a reaccionar cuando el problema ya explotó. La seguridad de un plantel no debería depender de la presión de los padres ni de que el caso se vuelva público.
Si bien se prevé la presencia del alcalde Gaspar Trueba y personal de USEBEQ en la escuela, la pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿qué alternativa concreta de apoyo ofrecerá el municipio para evitar que esto vuelva a suceder? Porque acudir al plantel después de los hechos puede ser necesario, pero no sustituye una estrategia de prevención.
La comunidad escolar necesita respuestas verificables: rondines, coordinación con seguridad pública, revisión de accesos, acompañamiento institucional y medidas mínimas de vigilancia. No se trata de convertir una escuela en cuartel, sino de garantizar que los estudiantes puedan acudir a clases sin que sus familias teman por su seguridad.
La telesecundaria Congreso de Anáhuac no necesita discursos de ocasión. Necesita atención, seguimiento y acciones. Porque cuando una amenaza aparece dentro de una escuela, el problema ya no es solo del plantel: es de toda la autoridad que tiene la obligación de cuidar a la comunidad.










