La Casa del Jabonoso 107
La Casa del Jabonoso 107 abre como suelen abrir las conversaciones políticas cuando ya no hay tiempo para calentar motores: directo al golpe, sin anestesia y con el reloj encima. El “Big Ben de Ezequiel Montes”, como lo bautizan entre broma y amenaza, aparece como símbolo de producción, pero también como metáfora perfecta del momento político: todos corren, todos se adelantan, todos quieren llegar al 2027 antes de terminar de gobernar el 2026.
El primer asunto que se pone sobre la mesa es Cadereyta. El Camino al Doctor vuelve al centro del análisis, pero no solo como problema de infraestructura, sino como retrato de una relación institucional rota. En el programa se recuerda que la presidenta municipal y actores de Morena habían usado el tema para reclamar abandono, falta de recursos y una supuesta negativa del Gobierno del Estado. Sin embargo, la lectura cambia cuando se informa que funcionarios estatales acudieron al sitio, realizaron supervisión y anunciaron intervención en las zonas dañadas. Ahí aparece la pregunta política: ¿qué mensaje se manda cuando el Estado acude, pero la presidenta municipal no aparece?
La respuesta que se construye en el programa es dura: una cosa es hacer narrativa de conflicto y otra resolver problemas. La lectura de Óscar y Armando es que mientras una parte apuesta por el video, la queja y la victimización, la otra aparece en territorio, habla con la gente y asume la respuesta. El Camino al Doctor deja de ser solo un camino: se convierte en símbolo del aislamiento político de una administración municipal que, según se plantea, no logra construir sinergia con el gobierno estatal. El episodio señala que el problema no es únicamente presupuestal, sino de método: si una obra requiere apoyo, el conducto correcto sería sentarse con el gobernador, llevar diagnóstico, fotos, comité ciudadano, propuesta de coinversión y voluntad de acuerdo. No salir a incendiar la plaza y luego sorprenderse de que el humo no construya carreteras.
La conversación entra después a un tema delicado: la presión contra periodistas. Se menciona que la presidenta municipal habría sumado nuevas denuncias contra comunicadores, lo que abre una reflexión sobre la piel sensible del poder. El punto no es menor: cuando un gobierno responde a la crítica con recursos legales, el mensaje va más allá del caso particular. La crítica se vuelve incómoda, el periodismo se vuelve blanco y la libertad de expresión queda con olor a expediente. En tono ácido, el programa ironiza sobre las cuentas bancarias y las sanciones, pero por debajo del chiste hay una advertencia seria: si gobernar se convierte en perseguir voces, entonces el debate público se empobrece.
Después, el programa se desplaza a Ezequiel Montes y su feria. Aquí el tono cambia, pero la sospecha permanece. Se habla de la entrada gratuita para ciudadanos del municipio mediante registro y credencial de elector. La medida, presentada como beneficio para la población, es leída en el programa como un posible acto de promoción política disfrazado de convivencia popular. La crítica es sencilla: si de verdad se quiere que los habitantes entren gratis, bastaría con presentar la credencial en la entrada, como ocurre en otros espacios turísticos. Pero si se levanta un registro, si se visita comunidad por comunidad, si se pide credencial, si se arma una operación territorial, entonces el asunto empieza a oler menos a feria y más a precampaña. Y ya se sabe: cuando huele a campaña, aunque le pongan confeti, sigue oliendo a campaña.
La discusión sobre la feria avanza hacia los números. Se habla de una inversión superior a los 20 millones de pesos y de una recuperación estimada de alrededor de 2.5 millones. El contraste abre la pregunta obligada: ¿qué sentido tiene invertir tanto para recuperar tan poco? Se menciona que lo recaudado iría a bomberos voluntarios, pero el programa plantea una duda crítica: si existe verdadera voluntad de apoyar a los bomberos, ¿por qué no asignarles directamente recursos desde una partida presupuestal? La feria queda así bajo una doble mirada: como evento popular, puede tener atractivo; como ejercicio financiero, requiere explicación; como operación política, levanta cejas.
Luego llega Tequisquiapan, y ahí el programa se pone más técnico, más áspero y más periodístico. Óscar expone los avances de una auditoría ciudadana basada en solicitudes de información. Se habla de 115 oficios presentados y alrededor de 29 respuestas recibidas, todas —según se señala— con faltantes, omisiones o respuestas que no corresponden plenamente a lo solicitado. El tema no es si contestaron o no; el tema es cómo contestaron. Porque responder no es transparentar. A veces responder es apenas aventar una hoja para cubrir el expediente.
El caso de comunicación social sirve como ejemplo. Se habla de un presupuesto cercano a 4.5 millones de pesos, pero distribuido de forma poco clara entre Presidencia, Secretaría Particular y otras áreas. La pregunta periodística es elemental: ¿a qué medios se pagará?, ¿bajo qué criterios?, ¿para qué campañas?, ¿con qué contratos?, ¿con qué justificación? Si la respuesta es una fotografía del presupuesto, entonces no hay transparencia; hay una captura de pantalla con traje de gala.
Otro punto fuerte es el de servicios profesionales, donde se mencionan más de 20 millones de pesos. Aquí aparece una de las mejores metáforas del programa: la obra pública se puede ver, medir, pisar, tocar. Una calle existe o no existe. Un drenaje funciona o no funciona. Pero una asesoría, un estudio, un dictamen o un proyecto puede quedarse guardado en un cajón, convertido en PDF de lujo. Es el terreno pantanoso de los “asesores que asesoran al asesor”. Y cuando el gasto no es visible, la obligación de documentarlo debería ser todavía mayor.
La auditoría también toca salud, apoyos sociales, nómina eventual y basura. Se señala que en salud habría una clínica privada vinculada familiarmente a una regidora, donde se atendería a personal o servicios relacionados con el municipio. Se habla de apoyos por millones sin padrón claro, de eventuales que habrían aumentado de manera importante y de rutas de basura entregadas como una hoja rayoneada, sin bitácoras, sin combustible, sin toneladas, sin kilometraje. La imagen es brutal: mientras se presume transparencia, un delegado estaría recogiendo basura en su camioneta. La administración pública, en ese retrato, ya no parece maquinaria: parece remiendo.
La parte política nacional y estatal llega con Morena. El programa analiza las declaraciones de Eric Osornio desde la CATEM contra Gilberto Herrera, exigiendo pruebas sobre señalamientos relacionados con supuestos préstamos del sindicato de maestros. Luego entra Ulises Gómez de la Rosa, quien acusa violencia dentro de Morena y señala al grupo vinculado a Gilberto Herrera. El diagnóstico del programa es claro: Morena en Querétaro ya no está disputando solo candidaturas; está disputando el relato, la legitimidad y la obediencia al proyecto nacional. La fractura ya no está debajo de la mesa: está sentada en la mesa pidiendo micrófono.
El momento más jugoso llega con la sucesión. Ulises reduce la lista de posibles aspirantes a tres nombres: Beatriz Robles, Luis Humberto Fernández y Santiago Nieto. Luego se analiza la jugada de Santiago: primero anuncia intención de separarse del cargo para buscar la coordinación de la defensa del voto en Querétaro; después recula y dice que permanecerá hasta junio. Casi de inmediato, desde la Presidencia se lanza el mensaje nacional: quien quiera buscar candidatura, que renuncie. En el programa la lectura es quirúrgica: si Santiago no renunció, quizá no lo dejaron; si no lo dejaron, quizá el mensaje es que no va por ahí; si no va por ahí, quizá Querétaro será definido por género. En política no siempre gana quien encabeza encuestas; gana quien cabe en el tablero.
La conversación conecta con San Luis Potosí, Guerrero y Zacatecas, donde actores del Verde y de Morena empiezan a mostrar inconformidades por las decisiones nacionales. El análisis apunta a un fenómeno mayor: la coalición oficialista empieza a tensarse antes de tiempo. Y cuando los aliados empiezan a decir “me voy por la libre”, el tablero nacional deja de parecer maquinaria perfecta y empieza a parecer corral con la puerta abierta.
Luego el programa toca al presidente municipal de Querétaro, su visita a Jalpan y el proyecto de la Ruta de Junípero Serra. Se reconoce que la idea turística puede ser buena, pero se cuestiona el momento: justo cuando empiezan a moverse candidaturas, rutas, visitas, giras y declaraciones. En política, dice el programa entre líneas, las coincidencias suelen traer chofer.
Finalmente, el episodio cierra con gasolinas, diésel y tortilla. Se critica que el gobierno coloque lonas para exhibir gasolineras caras, mientras el verdadero problema debería ser supervisar litros completos, sancionar abusos reales y revisar el impacto del diésel en la cadena productiva. La tortilla, el jitomate, el transporte, la canasta básica: todo se mueve cuando sube el combustible. Y mientras se habla de gasolina verde o roja, el diésel aparece como el elefante en la estación de servicio.
El cierre vuelve al 2027. Óscar y Armando coinciden en que las administraciones municipales ya están en modo campaña demasiado pronto. En lugar de estar concentradas en gobernar, muchas parecen ocupadas en reelegirse, posicionarse o negociar futuro. La política local, según este episodio, entró en una fase prematura de ansiedad electoral. Todavía falta tiempo, pero todos actúan como si la boleta ya estuviera impresa.
Y como remate, aparece Colón: una obra de drenaje en Galeras que habría fallado con la primera lluvia. Casas inundadas, videos ciudadanos, explicación técnica con humor: tal vez la inclinación quedó al revés. La broma duele porque retrata una verdad incómoda: mientras se organizan festivales, campañas y discursos, la obra pública debe pasar la prueba más simple de todas: que cuando llueva, el agua salga y no entre.
Así termina La Casa del Jabonoso 107: con saludos, ironía, crítica y una certeza política flotando en el aire: el 2027 ya empezó, pero muchos gobiernos todavía no terminan de empezar a gobernar.







