En Ezequiel Montes, hasta las fotos se fueron de obra

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LA CASA DEL JABONERO

Hay gobiernos que inauguran calles. Hay otros que inauguran banquetas. Y luego está Ezequiel Montes, donde por lo visto también hay que inaugurar la coincidencia entre el contrato, la fecha, la foto y el monto.

Porque una cosa es pavimentar, otra reportarlo… y otra muy distinta lograr que los papeles cuenten la misma historia.

En la Auditoría Ciudadana que estamos realizando encontramos algo que merece explicación con dibujitos, café y paciencia: varios proyectos de obra pública tuvieron observaciones en el sistema donde se reportan los recursos federales porque los montos no coincidían con los anexos, algunas fotos no correspondían, ciertas fechas contractuales no cuadraban y hasta hubo ligas que llevaban al documento equivocado.

Nada grave, dirá alguno.

Claro.

También el Titanic sólo tuvo un pequeño problema de navegación.

“No coincide con el Anexo C”

Hay frases que deberían imprimirse en playeras oficiales. Una de ellas es:

“No coincide con el Anexo C”.

Porque aparece en distintos proyectos como si fuera una especie de mantra administrativo.

Monto: no coincide.
Foto: no coincide.
Fecha: no coincide.
Estatus: tampoco.
Nomás faltó que pusieran:

“Municipio: pendiente de verificar”.

Y ahí es donde uno empieza a preguntarse si el Anexo C era un documento técnico o el primo incómodo de la familia al que nadie quería hacerle caso.

La obra existe… pero la foto parece que andaba de vacaciones

Uno de los casos es el Módulo de Seguridad Pública.

Millones de pesos en juego.

Proyecto importante. Y en el sistema quedó una observación porque la evidencia fotográfica no coincidía con el Anexo C.

Magnífico.

Uno esperaría que la fotografía de una obra pública mostrara precisamente… la obra pública. Pero no.

Aquí aparentemente hasta las imágenes tenían vida propia. Tal vez la foto dijo:

—Yo hoy no trabajo en Seguridad, hoy me voy con Obras Públicas.

Y se fue.

La Canoa: tres versiones y una sola calle

Luego aparece la obra de La Canoa.

Casi dos millones de pesos.

Y ahí la administración consiguió algo que no cualquiera logra: que la fecha de contratación no coincidiera con la firma del contrato, que las fechas de inicio y término tampoco coincidieran y que además la foto no coincidiera con el anexo.

Eso ya no es un error. Eso es una reunión familiar de inconsistencias.

Contrato:
—Yo digo una fecha.

Sistema:
—Yo digo otra.

Fotografía:
—A mí ni me metan, yo ni soy de aquí.

Y el ciudadano en medio intentando saber cuándo empezó la obra.

Una obra “Por Iniciar”… que ya estaba prácticamente pagada
La calle Gabriel Ramos Millán merece mención especial.El sistema ya reportaba avance físico y financiero.Pero el Anexo C todavía decía:
“Por Iniciar”.
Eso sí es eficiencia administrativa.Una obra capaz de avanzar sin haber comenzado.Casi ciencia ficción.Hollywood debería tomar nota.

En Ezequiel Montes ya desarrollaron la obra cuántica: está iniciada y no iniciada al mismo tiempo.

Schrödinger estaría orgulloso.

“En ejecución”, pero “aún no se contrata”

Y luego viene el Jardín Principal.

El sistema decía:

“En ejecución”.

Pero en observaciones aparecía:

“AÚN NO SE CONTRATA”.

A ver. Hay que reconocer que eso sí requiere talento. Porque ejecutar algo sin haberlo contratado es como casarse antes de conocer a la novia. O como pagar la cuenta del restaurante mientras todavía estás buscando mesa.

Después sí apareció el contrato, así que no estamos diciendo que la obra estuviera sin contratación.

Lo divertido —por decirlo de alguna manera— es que durante un momento los sistemas públicos contaban historias diferentes.

Uno decía:
—Ya estamos trabajando.

El otro:
—Todavía ni contratamos.

Y seguramente en Tesorería alguien preguntaba:
]—¿Entonces pago o espero?

Hasta el acta de entrega se perdió

En otro expediente, la liga que debía llevar al acta de entrega llevaba al contrato. Eso es transparencia con espíritu de búsqueda del tesoro. El ciudadano abre la liga buscando:

ACTA DE ENTREGA

y obtiene:
CONTRATO
Sorpresa.

Como comprar una caja de cereal y encontrar tornillos.

No es delito. Pero sí da una idea del nivel de cuidado con el que algunas cosas se subieron al sistema.

“Devuelto a solicitud del capturista”

También encontramos registros que fueron devueltos una y otra vez.

“Devuelto a solicitud del capturista”.

Otra vez. Y otra. Y otra. Parecía partido de tenis administrativo.

Federación:
—Corrige.

Municipio:
—Ahí va.

Federación:
—Otra vez.

Municipio:
—Ahí va.

Federación:
—Todavía no.

Municipio:
—Bueno, ahora sí.

Y finalmente:
“Validado avances”.

Eso es importante decirlo. Porque varias observaciones finalmente fueron corregidas. Aquí no estamos diciendo que exista corrupción, obras fantasma o dinero desaparecido. Estamos diciendo algo mucho más sencillo:

la información pública estaba lo suficientemente desordenada como para que hubiera que devolverla, corregirla y volverla a subir.

Y eso, cuando hablamos de millones de pesos, no es precisamente motivo para sacar las maracas.

No es corrupción… pero tampoco es Excel de la secundaria

Hay quien podría decir:
—Son errores administrativos.

Puede ser. Pero cuando administras dinero público, “error administrativo” no significa “no pasa nada”. Porque detrás de cada monto hay dinero de la gente. Detrás de cada fotografía hay una obra que debe existir. Detrás de cada fecha hay un contrato. Y detrás de cada contrato hay funcionarios que firmaron.

La administración pública no es el grupo de WhatsApp de la familia donde alguien manda la foto equivocada y luego dice:

“Perdón, esa era para mi tía”.

Aquí estamos hablando de expedientes oficiales.

Lo interesante apenas comienza

Y aquí viene lo mejor. Esta parte de la auditoría no termina con las fotos. Al contrario. Ahora vamos a revisar: quién recibió los contratos, cuántos contratos recibió cada proveedor, cuántos fueron adjudicados directamente, si algunos proveedores aparecen repetidamente, si hubo contratos consecutivos, si los montos se acercan demasiado a los límites permitidos, y si distintas obras terminaron concentrándose en las mismas manos.

Ahí es donde se pone sabroso el jabón. Porque una cosa es encontrar una fotografía equivocada. Y otra muy distinta es encontrar patrones.

La administración dice que todo quedó validado

Y probablemente alguien en Presidencia Municipal ya estará respirando tranquilo porque varios registros terminaron con la palabra:

“Validado”.

Qué bonito. Pero validado no significa que nunca hubo problemas. Significa que después de observaciones, devoluciones y correcciones, el sistema terminó aceptando la información.

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