La noche del sábado, el corazón de México latió con un dolor compartido. El Zócalo de la Ciudad de México, símbolo de unidad y resistencia, se convirtió en un altar de duelo y memoria. 400 velas encendieron la oscuridad, cada una una llama titilante de esperanza y despedida. A sus pies, 400 pares de zapatos vacíos hablaban en silencio de ausencias irreparables.