Tequisquiapan, Qro.- En lugar de aclarar cómo está funcionando el servicio de recolección de basura, la respuesta oficial del municipio terminó exhibiendo todavía más el desorden. Lo que entregaron no ordena el panorama: lo revuelve. Y lo que deja ver es un cochinero administrativo dentro del área encargada de una de las tareas más básicas del gobierno: recoger la basura.
La historia es sencilla. Se pidió información clara sobre rutas, horarios, unidades, bitácoras, incidencias y el destino final de los residuos. Pero en vez de entregar una base completa, bien armada y fácil de revisar, el municipio mandó documentos a medias, registros manuales y datos incompletos. O sea, una respuesta que parece más armada para salir del paso que para transparentar de verdad cómo están haciendo su trabajo.
Lo más delicado es que no se trata solo de papeles mal hechos. El problema de fondo es que la propia documentación deja ver que no hay un control limpio, serio y confiable sobre el servicio. Si las rutas no vienen completas, si las incidencias no están bien documentadas y si las bitácoras parecen más apuntes sueltos que controles formales, entonces lo que hay no es orden: es improvisación.
Y la cosa empeora con una admisión que los pinta de cuerpo entero: los odómetros de las unidades están fuera de servicio, por lo que no tienen bien registrado el kilometraje inicial y final. Dicho sin rodeos: ni ellos mismos pueden demostrar con precisión cuánto recorren sus camiones. Y si eso no está claro, entonces también se abre la duda sobre gasolina, rendimiento, mantenimiento y supervisión.
La respuesta oficial quiso vender la idea de que ya habían cumplido, pero el expediente deja otra impresión: una dependencia parchando el tema, entregando lo mínimo y dejando huecos justamente en las partes más delicadas. Porque una cosa es mandar papeles, y otra muy distinta es rendir cuentas de verdad.
En un servicio tan importante como la recolección de basura, el municipio tendría que mostrar orden, control y claridad. Pero lo que enseñó fue otra cosa: una oficina donde también hay basura, pero administrativa. Y cuando el desorden está en los controles, el problema ya no solo está en la calle, sino dentro del propio gobierno.








