Tequisquiapan, Qro.- Lo que comenzó como un problema operativo hoy se ha convertido en una postal incómoda —y cada vez más absurda— del manejo de la basura en el municipio.
Primero fue un camión recolector detenido. Luego, la recolección improvisada con unidades inadecuadas. Y ahora, como lo muestra la imagen, la basura está siendo trasladada en una camioneta destinada originalmente al rescate de animales. Un giro que no solo raya en lo insólito, sino que confirma una crisis que ya no se puede ocultar.
De acuerdo con publicaciones de Voz y Testimonio, la situación no es nueva. Desde hace semanas se ha documentado que mientras la basura se acumula en colonias y comunidades, unidades oficiales permanecen sin operar, incluso un camión recolector nuevo que no habría sido utilizado por razones administrativas o de imagen .
A esto se suma la denuncia constante de ciudadanos sobre la acumulación de residuos por días, sin una estrategia clara ni soluciones de fondo .
La escena actual —bolsas de basura amontonadas en una camioneta de rescate animal— no es un hecho aislado, es el síntoma más visible de una cadena de decisiones fallidas.
Porque aquí ya no estamos hablando solo de basura.
Estamos hablando de prioridades.
Un gobierno que presume adquisiciones de equipo para “cumplir al 100%” con la recolección, pero que en la práctica termina improvisando con vehículos que no están diseñados para ello, exhibe algo más profundo: desorganización, falta de planeación… o simple desinterés en resolver lo básico .
La recolección de basura no es un lujo administrativo. Es uno de los servicios más elementales. Cuando falla, lo que se rompe no es solo la imagen urbana, sino la confianza.
Y en Tequisquiapan, esa confianza ya empieza a oler mal.
Porque mientras el discurso oficial habla de eficiencia, en la calle la realidad es otra:
— basura acumulada,
— rutas incumplidas,
— y ahora, vehículos de rescate convertidos en recolectores improvisados.
La pregunta es inevitable:
¿No hay camiones… o no hay capacidad para operarlos?
Lo preocupante es que el problema no solo crece en las calles, también crece en la percepción ciudadana. Y esa, en política, pesa más que cualquier boletín.
Hoy, Tequisquiapan no enfrenta solo una crisis de basura.
Enfrenta una crisis de gobierno.







