Con 12 votos de una comunidad entera
Tequisquiapan, Qro.- Lo que el gobierno municipal presenta como un ejercicio de “consulta ciudadana” en la comunidad de Bordo Blanco terminó exhibiendo, más que participación, un serio problema de representatividad. En el acta de resultados de “La Voz del Pueblo, 2da edición”, fechada el 24 de marzo de 2026, se asentó que la opción ganadora fue la rehabilitación de calle Palmas con 12 votos, frente a 11 para rehabilitación de Jacarandas y 9 para rehabilitación de Sauces; en total, 32 personas participaron. La propia suma de la votación confirma ese nivel de asistencia.
El problema no es solo quién ganó, sino con qué respaldo real. Bordo Blanco registraba 1,894 habitantes en la Síntesis Estadística Municipal de INEGI 2012, y en el Censo 2000 aparecía con 2,010 habitantes. Aun tomando la cifra menor, esos 32 participantes equivalen apenas a 1.69% de la población, y los 12 votos de la obra ganadora representan cerca de 0.63% del total de habitantes. (INEGI)
Es cierto: una asamblea comunitaria no se mide necesariamente contra toda la población, porque no todos son mayores de edad ni todos acuden. Pero incluso con esa salvedad, el dato retrata una realidad incómoda: la convocatoria no logró movilizar a la comunidad. Y cuando una obra pública se presume como decisión del pueblo, pero termina descansando en una votación tan reducida, el discurso oficial se ve más grande que la participación real. Dicho sin rodeos: no parece la voz del pueblo; apenas su eco.
Además, la consulta ocurre en el marco de una estrategia municipal que, según publicaciones sobre esta segunda edición, busca que vecinos definan obras prioritarias en comunidades, colonias y barrios de Tequisquiapan. (Facebook) Pero si el ejercicio arranca con niveles tan bajos de asistencia en localidades como Bordo Blanco, la pregunta es inevitable: ¿se está construyendo participación ciudadana real o solo una puesta en escena administrativa para repartir obras con apariencia de consenso?
Porque una cosa es organizar asambleas, poner mamparas, formatos y eslóganes; y otra muy distinta es conseguir que la gente crea en ellas. Si de una comunidad de casi dos mil habitantes apenas 32 personas terminan definiendo la obra, el mensaje es duro para la autoridad: la ciudadanía no está comprando la convocatoria. Y cuando la gente no va, no siempre es apatía; a veces es desconfianza, cansancio o la sensación de que todo ya viene decidido desde antes.
Lo ocurrido en Bordo Blanco debería obligar al presidente municipal a revisar a fondo el mecanismo. Si el gobierno realmente quiere presumir participación, tendría que transparentar cuántas personas fueron convocadas, cómo se difundieron estas asambleas, cuántos asistentes hubo por colonia y comunidad, y qué porcentaje representan respecto de su población. Sin esos datos, vender 12 votos como una gran decisión comunitaria suena, por decir lo menos, demasiado optimista. Y en política, el optimismo sin legitimidad suele parecerse mucho a la simulación.







