El eslabón que conecta la infracción con la recaudación — y que el municipio no quiso rastrear públicamente
Colón, Qro.- Existe un mecanismo de control tan simple como decisivo en cualquier corporación de tránsito municipal: el control de talonarios. Cada boleta de infracción tiene un folio. Ese folio se asigna a un agente específico, que lo porta durante su turno y al final entrega las boletas utilizadas, las canceladas y las no usadas. Si los folios asignados no cuadran con los folios entregados — si hay boletas que salieron del talonario pero nunca llegaron al sistema de infracciones del municipio — esa diferencia señala exactamente dónde puede estar ocurriendo el cobro informal directo al ciudadano. La «mordida» en el tránsito municipal no requiere sofisticación: basta con levantar una infracción en una boleta con folio, cobrarla directamente al conductor sin reportarla al sistema, y devolver el talonario con ese folio marcado como cancelado o extraviado. Sin un control riguroso y público de los folios, ese mecanismo es prácticamente indetectable.
En abril de 2026, como parte de la auditoría ciudadana que Voz y Testimonio realiza al municipio de Colón, Querétaro, se presentó la solicitud OAAZ-COLÓN-2026-05-086, dirigida al área de Tránsito Municipal, que pide el control completo de talonarios, folios y boletas de infracción durante el ejercicio 2025.
¿Qué se pidió?
La solicitud fue técnicamente precisa y cubrió once campos por cada talonario o dispositivo de emisión de boletas asignado durante el año. El primero fue el tipo de boleta — si son manuales en talonario impreso, electrónicas generadas desde terminal móvil, tableta u otro dispositivo. El segundo fue la serie y rango de folios asignados — el universo total de folios que salió de resguardo durante el periodo. El tercero y cuarto fueron el folio inicial y el folio final por agente o área — los límites del rango asignado a cada elemento de tránsito. El quinto fue la fecha de asignación del talonario o dispositivo. El sexto fue el agente, supervisor o área receptora — el nombre o identificador del elemento que recibió ese rango de folios y que por lo tanto es responsable de cada boleta en él contenida. El séptimo fue los folios efectivamente utilizados — las boletas que generaron una infracción registrada en el sistema. El octavo fue los folios cancelados — las boletas que se iniciaron pero no se completaron por alguna razón. El noveno fue los folios extraviados — las boletas que el agente no puede acreditar al momento de la devolución. El décimo fue los folios no utilizados — las boletas que se devolvieron en blanco. El undécimo fue la fecha de devolución, cierre o reposición y el responsable administrativo del control.
Esos once campos, combinados para el universo completo de talonarios asignados durante 2025, producen la verificación más directa que existe sobre la integridad del sistema de multas: si la suma de folios utilizados más cancelados más extraviados más no utilizados no coincide con el rango total asignado, hay boletas sin acreditar. Si el número de folios extraviados es inusualmente alto en ciertos agentes o en ciertos periodos, hay una señal de alerta que merece investigación. Si los folios cancelados superan con mucho a los utilizados en ciertas rutas, hay un patrón que también merece explicación.
Como documentación complementaria se solicitaron los lineamientos de control de folios y boletas, las actas de entrega-recepción de talonarios o dispositivos y los reportes de cancelación, extravío, reposición o inutilización de folios.
El municipio de Colón no respondió.
Ese silencio sobre el control de talonarios es el complemento directo e indispensable del silencio sobre las infracciones de tránsito (solicitud 71) y los servicios de grúa (solicitud 72). Las tres solicitudes juntas forman el sistema de auditoría del tránsito municipal: la solicitud 71 preguntó cuántas multas se levantaron, la solicitud 72 preguntó cuántos arrastres se realizaron y la solicitud 86 pregunta si los folios de boletas cuadran con las infracciones registradas. Las tres recibieron la misma respuesta: silencio.
Esa combinación de silencios describe una corporación de tránsito que, para efectos de auditoría ciudadana, opera completamente a oscuras. No sabemos cuántas multas levantó, no sabemos cuántos arrastres autorizó y ahora tampoco sabemos si los talonarios de boletas están correctamente controlados. En ese vacío de información, el espacio para el cobro informal es amplio, estructural y perfectamente invisible para cualquier ciudadano que no tenga acceso a los registros internos.
El folio de una boleta de tránsito es, en la práctica, el rastro más elemental que existe entre la acción de un agente y la recaudación municipal. El municipio de Colón no quiso mostrar si esos rastros cuadran.
Solicitud: OAAZ-COLÓN-2026-05-086 · Municipio de Colón, Qro. · Abril 2026












