El ladrón de la maleta negra

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Querétaro, Qro.-La tarde en Prolongación Corregidora no prometía más que el murmullo de los autos, el rechinar de las patinetas y el sol resbalando lentamente sobre el asfalto caliente del parque Álamos tercera sección. Pero la rutina se rompió con una escena que parecía sacada de una película de acción de bajo presupuesto, pero con emociones de alto calibre.

Un joven de entre 25 y 30 años, sudadera negra con letras amarillas y pantalón de mezclilla, irrumpió en la vialidad corriendo en sentido contrario al tráfico. En sus manos, una maleta negra que, según los testigos, contenía herramientas y dinero. Detrás de él, cinco hombres desesperados intentaban alcanzarlo, tropezando dos veces en el intento, con la frustración tatuada en el rostro y el sudor empapándoles la camiseta.

El ladrón, astuto y con la adrenalina como aliada, se internó por las calles de Álamos como si conociera cada esquina de su laberinto urbano. Fue en ese momento cuando nosotros, el equipo de Voz y Testimonio, circulábamos en nuestro vehículo oficial por Corregidora. Observamos todo. No era una escena que podíamos ignorar. No era una historia que podíamos dejar pasar.
Sabíamos que si no hacíamos algo, el tipo escaparía.

Tomamos la decisión en segundos: dar vuelta al canal de aguas pluviales para interceptarlo. Lo teníamos a unos 15 metros. No se percataba de que éramos parte del juego, ni de que la justicia le venía por el flanco menos esperado. Fue entonces cuando Facundo Poblete, nuestro cronista deportivo —más acostumbrado a narrar goles que a protagonizar persecuciones— bajó del vehículo, acompañado de su esposa, y se enfrentó al delincuente.
Pero el destino tenía su propio guion.

El ladrón, en un giro que sorprendió a todos, tomó un puente peatonal que no habíamos considerado. Facundo y su esposa lo persiguieron a pie con la determinación que sólo da la rabia por la injusticia. Otro automovilista, convertido por unos instantes en héroe anónimo, bajó de su auto para cerrar la vía de escape.

Y allí, entre la angustia de la huida y el cerco improvisado de ciudadanos decididos, el ladrón se rindió. Sin aliento, se hincó. Tiró la maleta. Bajó la cabeza. No quedaba nada más que hacer.
Pero la justicia civil no siempre es tan civilizada. Los que lo perseguían no se contuvieron. Se le fueron encima como si cada golpe reclamara una cicatriz de hartazgo colectivo. Facundo intentó frenar la furia, y justo en ese momento —como si el universo también tuviera sentido del drama— una patrulla de la Guardia Civil del municipio de Querétaro apareció, separó la trifulca y procedió con el arresto.

El ladrón fue aprehendido. La maleta recuperada. El parque volvió a la calma.
Pero nosotros no volveremos a ver Corregidora igual. Hoy fuimos testigos —y protagonistas— de un acto de valor ciudadano. Una historia que no termina en los golpes, sino en la decisión de no quedarse de brazos cruzados. Porque a veces, cuando el delito corre… también la verdad debe alcanzarlo.

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