La Casa del Jabonoso
En política hay invitaciones, hay convocatorias… y luego están esos mensajes que llegan con moño, lonche y tanque lleno. Porque cuando desde una comunidad como El Aguacate se invita a salir a las 5 de la mañana rumbo a Querétaro para “apoyar” a la presidenta Claudia Sheinbaum, con transporte y comida gratis, la pregunta no es si la gente tiene derecho a ir. Claro que lo tiene. La pregunta verdadera es otra, más incómoda y más jabonosa:
¿Quién paga?
El mensaje atribuido a Vicente Ortega de Cadereyta convoca a acompañar a la maestra Astrid Ortega y al Dr. Gilberto Herrera a un evento de apoyo a la presidenta Claudia Sheinbaum, en el contexto de actos convocados para el 31 de mayo, fecha en la que se ha anunciado un informe nacional simultáneo en las entidades del país. También se ha reportado que Morena en Querétaro realizaría una concentración en Plaza de Armas por el segundo informe presidencial.
Hasta ahí, todo podría entrar en el terreno de la militancia política. Morena convoca, sus simpatizantes acuden, sus liderazgos se toman la foto, se gritan consignas y todos regresan felices con su torta ideológica bajo el brazo. El problema empieza cuando la invitación incluye camión gratuito, comida gratuita y hasta apoyo de gasolina para quienes suban en camionetas propias.
Ahí el asunto deja de ser solamente político y se vuelve público.
Porque si el transporte, la comida y la gasolina salen de aportaciones privadas, de una cooperación voluntaria o de recursos partidistas debidamente comprobables, entonces que lo digan. Fácil. Transparente. Sin teatro. Pero si en esa movilización se usaran recursos del municipio, vehículos vinculados al gobierno, personal en horario laboral, combustible pagado con dinero público o programas sociales como moneda de presión, entonces ya no estaríamos hablando de “apoyo ciudadano”, sino de una operación política con olor a erario.
Y el erario, aunque algunos lo confundan, no es Uber de campaña, no es fonda electoral y mucho menos gasolinera familiar.
El mensaje, además, utiliza un argumento bastante delicado: afirma que el gobierno de Estados Unidos estaría “intentando invadir nuestro país”. La tensión política con Estados Unidos existe y en los últimos días se ha discutido incluso una reforma sobre injerencia extranjera en elecciones, respaldada por el oficialismo y criticada por la oposición por sus posibles alcances. Pero convertir esa narrativa en combustible emocional para mover gente desde una comunidad hasta un evento político merece, por lo menos, una revisión crítica.
Porque una cosa es defender la soberanía nacional y otra muy distinta es usar el miedo como boleto de camión.
Aquí las preguntas que debe responder públicamente el entorno de la Presidencia Municipal de Cadereyta son muy sencillas:
¿Quién contrató el camión?
¿Quién pagó la comida?
¿De dónde saldrá el dinero para la gasolina ofrecida?
¿Participará personal del municipio?
¿Se usará algún vehículo oficial o proveedor ligado al Ayuntamiento?
¿Hay recursos del partido, de particulares o del gobierno municipal?
¿Por qué se solicitan nombres completos y números celulares de los asistentes?
¿Esa lista será para logística o para control político?
Porque en Cadereyta la ciudadanía ya ha visto suficientes capítulos como para no tragarse cualquier guion. Cuando una movilización nace desde el círculo cercano del poder municipal, la carga de la explicación no recae en el ciudadano que sospecha, sino en quienes organizan y convocan.
Y que nadie se confunda: criticar esto no es estar contra la presidenta Sheinbaum, ni contra Morena, ni contra quien decida asistir. La libertad política existe. Lo que no puede existir es la opacidad. Si se mueven personas con recursos privados o partidistas, se aclara. Si se usan recursos públicos, se investiga. Así de simple. Tan simple que hasta en un grupo de WhatsApp se entiende.
El fondo del asunto es que Cadereyta no necesita más movilizaciones para la foto. Necesita respuestas. Necesita obras. Necesita servicios. Necesita claridad en el uso del dinero público. Porque cuando hay comunidades con necesidades reales, resulta difícil justificar que haya logística, camión, comida y gasolina para un evento político, mientras otros problemas siguen esperando turno en la fila.
En La Casa del Jabonoso lo decimos sin rodeos:
si todo es legal, que enseñen las facturas;
si todo es ciudadano, que digan quién cooperó;
si todo es partidista, que lo transparente Morena;
pero si algo salió del municipio, entonces el camión no va rumbo a Querétaro… va directo al escándalo.
Porque en política, la gasolina gratis nunca es gratis.
Alguien la paga.
Y casi siempre, cuando nadie explica, termina pagándola el pueblo.








