La Casa del Jabonero
Medir la derrama económica de una feria puede ser útil. Saber cuánto vende el comercio, cuántas personas emplea y qué impacto deja un evento público sirve para evaluar resultados y tomar decisiones.
El problema comienza cuando la medición deja preguntas sin responder.
Durante la Feria Cadereyta 2026, comerciantes recibieron un documento denominado Formato de Medición de Derrama Económica, en el que se solicita registrar ventas diarias del 5 al 13 de septiembre, formas de pago, número de empleados y otros datos vinculados al puesto o expositor, además de una declaración final firmada.
Y entonces aparece la primera pregunta: ¿entregar esa información es obligatorio o voluntario?
Si es obligatorio, ¿cuál es el fundamento legal? Si es voluntario, ¿se informó expresamente a los comerciantes que podían negarse sin sufrir consecuencia alguna?
¿Quién necesita saber cuánto vende cada puesto?
Para calcular una derrama económica no necesariamente se requiere conocer y conservar la venta diaria individual de cada comerciante asociada a un puesto determinado. Existen métodos estadísticos que permiten obtener estimaciones agregadas sin exponer información comercial sensible de cada participante.
Por eso también deben responderse otras preguntas: ¿quién tendrá acceso a los formatos?, ¿dónde serán almacenados?, ¿durante cuánto tiempo?, ¿para qué otros fines podrán utilizarse?, ¿la información será anonimizada?, ¿existe un aviso de privacidad específico?
No se trata de afirmar que medir la derrama económica esté prohibido. No lo está. El punto es conocer las reglas con las que se recaban, protegen y utilizan los datos.
La paradoja de la transparencia
Y aquí aparece el jabón.
Mientras a los comerciantes se les pide abrir sus números y decir cuánto vendieron cada día, también sería sano conocer con la misma precisión los números de la propia Feria Cadereyta.
¿Cuánto ingresó por espacios, permisos y derechos? ¿Cuánto costó la organización? ¿Cuánto se pagó en artistas, producción, logística, seguridad y servicios? ¿Qué contratos se celebraron y mediante qué procedimiento? ¿Cuál fue finalmente la derrama económica calculada y cuál fue la metodología utilizada?
La transparencia funciona mejor cuando circula en ambos sentidos.
La inquietud de los comerciantes tampoco surge en el vacío. Durante esta edición de la feria ya se han expresado inconformidades relacionadas con cobros, operación de espacios y condiciones para quienes trabajan y venden durante el evento.
Por eso el Comité de Feria y el Ayuntamiento tienen una oportunidad sencilla: explicar públicamente el objetivo del formato, su fundamento, si la entrega es voluntaria, quién resguarda los documentos y cómo se protegerá la información.
Una frase resolvería buena parte de la desconfianza: Queremos conocer cuánto genera la feria, pero no convertir la información privada de los comerciantes en una caja negra.
Porque pedir cuentas siempre es más fácil que rendirlas.
Nos leemos en la próxima tallada de jabón.









