Querétaro, Qro.-El día apenas se desperezaba cuando el silencio del anillo vial Fray Junípero Serra se rompió con el estruendo seco del metal contra la tierra. En la curva que conecta con Prolongación Bernardo Quintana, un automóvil terminó volcado, llantas al cielo, como una advertencia brutal de lo frágil que es la rutina al volante.
Según el testimonio del conductor —único ocupante—, un volantazo lo cambió todo. Una persona se le atravesó de manera repentina y, en el reflejo de evitar una tragedia mayor, el auto se fue hacia el camellón lateral. El resultado fue inmediato: pérdida de control y volcadura total.
Minutos después, el lugar ya estaba tomado por cuerpos de emergencia y elementos de seguridad. La escena: una grúa preparándose, oficiales coordinando maniobras y el vehículo invertido descansando en un desnivel, rodeado de pastizales secos. El conductor fue valorado en el sitio; solo lesiones leves, nada que ameritara traslado hospitalario. Un alivio dentro del caos.
La mañana siguió su curso, pero la curva quedó marcada por el recordatorio: una decisión en segundos puede salvar una vida… o ponerla en pausa. Hoy, la historia terminó sin hospital ni sirenas prolongadas. Mañana, ojalá, termine con más prudencia y menos volanteos de emergencia.







