Querétaro, Qro.-La calle del Ferrocarril, en la colonia Santa María Magdalena, parecía una vialidad más en la rutina cotidiana del poniente de la capital queretana. Un camión de la Comisión Estatal de Aguas (CEA) realizaba trabajos de desazolve sobre la calle Morelos, con mangueras industriales desplegadas y personal laborando a plena vista. Todo transcurría con la normalidad propia de un servicio urbano… hasta que el tiempo se comprimió en segundos.
Un vehículo compacto, tripulado por cuatro mujeres, avanzaba por la zona. Al volante iba una mujer de 45 años, acompañada por su hermana y dos menores de edad. En un intento por rebasar el camión de la CEA, el automóvil se abrió ligeramente hacia el carril contiguo, sin advertir que, justo en ese instante, el tren cruzaba por las vías.
No hubo margen de error.
El impacto fue brutal. El tren golpeó el vehículo y lo arrastró varios metros, retorciendo la carrocería como si fuera papel. El frente desapareció, el techo se colapsó y el metal quedó comprimido en un amasijo irreconocible. La escena posterior fue la de un vehículo prácticamente deshecho, detenido finalmente por la inercia del propio ferrocarril.
Los trabajadores de la CEA, vecinos y testigos quedaron paralizados. Nadie esperaba otro desenlace que el peor.
Y sin embargo, ocurrió lo impensable.
Contra toda lógica mecánica y estadística, las cuatro ocupantes lograron salir con vida. No hubo atrapamientos fatales ni pérdidas humanas. Las mujeres presentaron lesiones leves, golpes y crisis nerviosa, pero estaban conscientes, caminando, respirando. El asombro se apoderó del lugar: el automóvil no reflejaba la historia de quienes habían viajado dentro.
Más tarde, el camión vactor de la CEA permaneció en la zona, no ya como protagonista involuntario del accidente, sino como parte de las labores de limpieza, retirando restos, residuos y asegurando la vialidad tras el choque. La grúa se llevó lo que quedaba del vehículo, mientras el tren continuó su ruta, indiferente, como siempre.
La tarde dejó una imagen difícil de borrar: un auto destruido, un tren en marcha y cuatro mujeres que volvieron a casa.
Un recordatorio brutal de que las vías no admiten errores… y de que, a veces, la tragedia se detiene a centímetros de cumplirse.






