Querétaro, Qro.-El sol de la mañana iluminaba la cinta asfáltica de la carretera México–Querétaro, cuando la rutina se rompió a la altura del parador San Pedro. Lo que normalmente es un flujo constante de vehículos rumbo a la CDMX, se convirtió en un punto de tensión y estruendo metálico.
Una camioneta de tres toneladas impactó contra un camión pesado. El golpe fue brutal: la camioneta terminó volcada sobre su costado, convertida en un amasijo de fierros retorcidos. Partes del motor y restos de la carrocería quedaron esparcidos sobre la carretera, mientras una nube de polvo y el olor a combustible impregnaban el ambiente.
Minutos después, ambulancias y cuerpos de emergencia llegaron al lugar. Paramédicos se abrieron paso entre el caos para atender a una persona que presentaba lesiones de gravedad. Fue inmovilizada y trasladada de inmediato a un hospital, mientras oficiales controlaban el tráfico y la grúa comenzaba a preparar el levantamiento de la unidad volcada.
La fila de autos se extendió varios metros. Conductores redujeron la velocidad y observaron con preocupación la escena; algunos grabaron, otros simplemente avanzaron en silencio, recordando lo frágil que puede ser el trayecto cotidiano.
El accidente dejó más que hojalata en el pavimento: dejó un llamado a la cautela. En una carretera donde la prisa es moneda común, segundos de descuido pueden convertirse en historias con finales inciertos.




