Cobros excesivos, conflictos políticos y la descomposición del poder local
El programa arranca ligero, con bromas entre Óscar Alcázar y Armando Briones sobre los meses que se van volando y la llegada de las fiestas patrias. Pero pronto la charla entra de lleno en el tema candente: la Feria de Cadereyta.
Lo que debería ser una celebración familiar se ha convertido en un cúmulo de conflictos: comerciantes obligados a hacer fila con bancos para apartar espacios, artesanos a quienes antes se les daba un lugar gratuito ahora enfrentando cobros de hasta 12 mil pesos, y ganaderos que antes recibían apoyo para mostrar su producción ahora obligados a pagar por exponer su ganado.
La discusión se enciende cuando señalan que estos costos terminarán repercutiendo en la gente: la nieve artesanal que costaba 10 pesos subirá a 15, la comida será más cara y los juegos mecánicos —que antes eran gratuitos— ahora también se cobrarán. En vez de fomentar la convivencia, la feria parece diseñada para exprimir bolsillos.
El análisis se extiende hacia la descomposición política local: gobiernos que generan conflictos para luego “resolverlos” y vender la idea de que trabajan, cuando en realidad descuidan lo esencial: bacheo, alumbrado, recolección de basura y salud pública. La metáfora de los políticos que solo cacarean un huevo diminuto como si fuera gigantesco atraviesa toda la charla.
Después, el tema se traslada a Colón y a Ezequiel Montes. Surgen ejemplos de eventos vacíos, de presidentes que pierden empatía con la gente y terminan encapsulados en sus oficinas, aislados, con salidas de emergencia para evitar enfrentarse al pueblo. La conversación alcanza un tono fuerte cuando relatan cómo el poder embriaga: al inicio es una corriente de dinero y autoridad, pero pronto llega la cruda. La familia se sacrifica, los amigos se pierden y muchos terminan en la ruina personal.
El caso más reciente es el del delegado de Maconí, acusado de corrupción, quien asegura que actuó siguiendo órdenes de la presidenta municipal que ahora lo abandona. Detrás de todo, denuncian, está el verdadero operador: el hermano de la presidenta, ejerciendo funciones sin cargo, un “poder tras el trono” que raya en delito.
La guinda llega con el anuncio del nuevo patronato de la Universidad de Ezequiel Montes, encabezado por Naikari Montes, hija de Enrique Montes. Para los conductores, no es sorpresa: la ven ya como la precandidata oficial. Todo encaja en el tablero político que describen con ironía y crudeza.
La crónica cierra con un sabor agridulce: entre ferias que ya no son del pueblo, presidentes municipales encapsulados y proyectos familiares disfrazados de universidad, el panorama es de desconfianza ciudadana. Y La Casa del Jabonoso se convierte, una vez más, en la tribuna donde todo se dice sin miedo.




