Temblor de 5.6 en Oaxaca despierta a Morelos y CDMX

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En la madrugada de este jueves, a las 03:17 horas, un temblor de magnitud preliminar 5.6 –con epicentro a 13 km al noreste de Tlacolula, Oaxaca– estremeció el sur del país y convocó al instante a miles de corazones a latir al mismo compás de la tierra.

En las calles empedradas de Tlacolula, el estruendo llegó como un rugido contenido: puertas y ventanas temblaron, mientras el silencio de la noche se quebraba con el intenso retumbar de olas subterráneas. Vecinos que todavía degustaban el sueño se incorporaron de golpe en sus camas y, sin mediar palabra, salieron a las esquinas a buscar el amparo de las plazas, iluminadas apenas por faroles parpadeantes.

Más allá de la Sierra Madre del Sur, la onda expansiva alcanzó los valles de Morelos, donde municipios como Mecatlán, Coatetelco, Alpuyeca, Catalán del Río, Tetecala, Mazatepec y Temixco sintieron el bramido bajo sus pies. En cada pueblo, los habitantes se volcaron a las calles: madres arrullaron a niños nerviosos, comerciantes cerraron persianas con manos temblorosas, y automovilistas se detuvieron en medio de avenidas desiertas hasta constatar que el temblor cedía.

En la Ciudad de México, los segundos se estiraron en un eco de alerta y precaución. Las sirenas se encendieron y cientos de miles de personas abandonaron con calma los edificios: oficinistas en tacones, trabajadores del Metro que interrumpieron sus rondines, y vecinos de colonias populares que se refugiaron en parques y camellones. Fue un ejercicio de civilidad: no hubo pánico, sino un murmullo de “todo bien” que se transmitía de voz en voz.

Mientras tanto, en los centros de monitoreo sísmico de la Coordinación Nacional de Protección Civil y del Servicio Sismológico Nacional, se afilaban datos: profundidad exacta, réplicas previstas, posibles daños. Hasta ahora, no se reportan lesionados graves ni colapsos de infraestructura, pero las autoridades mantienen en “proceso” la evaluación de carreteras, escuelas y hospitales.

Esta crónica de la noche reciente –aún con información en proceso– recuerda que vivimos sobre un mosaico de placas y fallas geológicas. No hay certeza completa, pero sí una convicción: ante el temblor, la mejor respuesta es la unión de la gente. Si el suelo cede, que no ceda el ánimo; si late con fuerza, que lo haga acompañado. Y en Tlacolula, Morelos, la CDMX y cada rincón que percibió el sacudón, se alza una misma pregunta: ¿estamos listos para lo que venga? Por ahora, la respuesta se construye en la calle, en la alerta práctica y en la calma compartida.

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