LA CASA DEL JABONERO
Luis Nava había dicho que estaba dispuesto a competir, a medirse y, sobre todo, a sumarse a quien resultara ganador. La regla parecía sencilla: aceptar el método, esperar las encuestas y cerrar filas.
Pero algo cambió cuando comenzaron a circular supuestos resultados de mediciones internas que, según el propio Nava, ni siquiera habían sido conocidos por los aspirantes.
Entonces puso una nueva propuesta sobre la mesa: que sea la Universidad Autónoma de Querétaro la que realice la encuesta definitiva, con metodología pública, representantes de los aspirantes y resultados conocidos por todos.
¿Transparencia o desconfianza tardía?
La petición puede venderse como un llamado a la transparencia. Y, en abstracto, pedir claridad nunca está de más. El problema político es el momento.
El PAN ya tenía un procedimiento acordado. Había aspirantes registrados, reglas aceptadas y encuestas en curso. Pedir un cambio de árbitro cuando el partido asegura que está por concluir la medición inevitablemente abre otra lectura: que alguien empezó a desconfiar del juego cuando sospechó que el marcador podía no favorecerle.
Nava tiene derecho a exigir explicaciones sobre cualquier filtración. Si terceros conocen sondeos que los propios participantes no han visto, el partido debe aclararlo. Pero una cosa es pedir transparencia sobre el proceso y otra cambiar el mecanismo cuando la carrera ya empezó.
Del “me sumo” al “revisemos quién cuenta”
Ese es el giro político interesante. El discurso pasó de “me sumaré al que gane” a “quiero revisar cómo decidirán quién ganó”.
Su salida de SEDESOQ ya había sido leída como una señal de que estaba dispuesto a llevar su aspiración hasta el final. No hay elementos suficientes para afirmar una ruptura con Mauricio Kuri, pero sí hay una evidencia pública de mayor presión sobre el método interno.
Y eso importa porque los procesos partidistas también se miden por la consistencia de quienes participan. Si las reglas eran buenas cuando comenzó la competencia, tendrán que explicar por qué dejaron de parecer suficientes antes de conocer el resultado.
La dirigencia puede y debe aclarar las filtraciones. Pero si cada aspirante pide un nuevo árbitro cuando una encuesta le incomoda, la democracia interna termina pareciéndose menos a una elección y más a un partido donde cada jugador quiere mover la portería.
La pregunta ya no es solamente quién va ganando.
La pregunta es quién seguirá aceptando las reglas cuando descubra que también puede perder.









