Las vialidades que comunican a varias localidades exhiben pavimento destruido, hundimientos y reparaciones improvisadas. Al mismo tiempo, La Presidente abrió un espacio en su agenda municipal para registrarse en la carrera interna de Morena rumbo a la gubernatura de Querétaro.
Por Oscar Alcázar
Columna de crítica política | Voz y Testimonio
Baches y ambición: una producción del gobierno municipal
Si el gobierno de Cadereyta fuera una película, el cartel ya estaría listo: una carretera destruida como escenario, varias comunidades como reparto olvidado y, al fondo, la silueta de una presidenta municipal mirando hacia un cargo más alto.
El título podría ser “Baches y ambición”.
La trama comienza en las calles y caminos que conectan a Cadereyta con El Puerto de la Concepción, atravesando diferentes localidades cuyos habitantes deben circular diariamente entre pavimento desmoronado, hoyos, desniveles, grava suelta y remiendos que parecen haber sido colocados únicamente para prolongar la agonía de la vialidad.
Las fotografías son elocuentes. No muestran un bache aislado ni el daño reciente provocado por una lluvia extraordinaria. Lo que se observa es una superficie desgastada prácticamente de extremo a extremo: bordes destruidos, zonas donde el asfalto desapareció, piedras expuestas y múltiples cavidades que obligan a los conductores a avanzar haciendo maniobras.
No se conduce por esa ruta: se sobrevive a ella.
Y mientras los habitantes calculan por dónde pasar sin reventar una llanta, dañar la suspensión o terminar en un accidente, la presidenta municipal de Cadereyta, La Presidente Vázquez, encontró tiempo para solicitar una licencia de apenas 24 horas y registrarse en el proceso interno de Morena que conduce hacia la candidatura al gobierno de Querétaro en 2027. La ausencia fue planteada para el 26 de junio, desde las 00:00 hasta las 23:59 horas.
La precisión del horario resulta admirable.
Ojalá el gobierno municipal tuviera la misma exactitud para programar el mantenimiento de sus caminos.
Licencia de un día, aspiración de seis años
Buscar una candidatura no es, por sí mismo, una falta. Toda persona dedicada a la política tiene derecho a aspirar, competir y presentar sus credenciales ante la ciudadanía.
El problema aparece cuando la aspiración comienza a caminar más rápido que la administración.
La Presidente, confirmó y se registró por que busca incorporarse al proceso interno de Morena para encabezar la denominada Coordinación Estatal de la Cuarta Transformación, plataforma política vinculada con la candidatura de ese partido a la gubernatura de Querétaro. Para cumplir con la convocatoria partidista decidió separarse del cargo únicamente durante el momento del registro y regresar inmediatamente a la presidencia municipal.
En otras palabras: una licencia lo suficientemente larga para cumplir el requisito, pero lo suficientemente corta para no abandonar formalmente la silla municipal.
Políticamente, la maniobra es astuta. Administrativamente, deja una pregunta inevitable:
¿Qué resultados presenta Cadereyta para considerar que su presidenta ya está lista para gobernar todo Querétaro?
Porque una candidatura no debería sostenerse únicamente con discursos, fotografías, recorridos, estructuras partidistas o encuestas internas. También tendría que evaluarse observando el estado de las calles, la seguridad, el acceso al agua, los servicios públicos y la atención que reciben las comunidades alejadas de la cabecera municipal.
Y la ruta hacia El Puerto de la Concepción parece responder esa pregunta con cada grieta.
La escena que no aparecerá en los promocionales
Probablemente estos caminos no aparecerán en los videos políticos. No son un buen fondo para una fotografía de campaña. Aquí no hay templetes, luces, porras ni frases sobre la transformación. Hay vehículos avanzando lentamente, habitantes soportando el deterioro y una infraestructura que transmite una sensación de abandono institucional.
El contraste es brutal: mientras desde el poder se habla de conducir los destinos de Querétaro, en varias localidades de Cadereyta ni siquiera se garantiza una superficie digna para conducir un automóvil.
La alcaldesa justificó que no podía solicitar una licencia indefinida porque mantiene responsabilidades importantes en el municipio. Entre ellas mencionó el problema del agua, los acontecimientos recientes en materia de seguridad y la ejecución del Plan Anual de Obra.
El argumento pretende demostrar responsabilidad, pero también expone el tamaño de los pendientes.
Si existen problemas de agua, seguridad, obra pública y conectividad vial, entonces Cadereyta no necesita una presidenta con la mirada dividida entre gobernar el municipio y competir por el estado. Necesita una administración concentrada en resolver aquello que ya tiene bajo su responsabilidad.
No basta con permanecer físicamente en el cargo. Hay que demostrar que se gobierna.
El verdadero examen está en las comunidades
Las campañas suelen construir narrativas cuidadosamente diseñadas: cercanía, honestidad, transformación, territorio y compromiso con el pueblo.
Pero las carreteras también hablan.
Un camino destruido es un documento público escrito con grava, polvo y asfalto roto. Cuenta cuánto se ha invertido, qué comunidades fueron postergadas y cuáles prioridades quedaron fuera del presupuesto.
Para quienes viven en las localidades atravesadas por esta ruta, el debate sobre la gubernatura puede resultar lejano. Su preocupación inmediata es mucho más sencilla: llegar a su casa, trasladar a un enfermo, acudir a la escuela, transportar mercancías o viajar hacia la cabecera municipal sin destruir su vehículo.
Ahí debería comenzar cualquier proyecto que pretenda gobernar Querétaro.
No en el registro partidista.
No en la encuesta.
No en el discurso.
En la calle.
Una mala película con presupuesto público
La imagen política que deja este episodio es incómoda: una alcaldesa que considera posible atender simultáneamente la administración municipal y construir una candidatura estatal, mientras existen vialidades que muestran un deterioro evidente.
Tal vez legalmente pueda hacerlo.
Tal vez la convocatoria de su partido le permita cumplir el requisito mediante una licencia de 24 horas.
Pero la legalidad mínima no siempre equivale a responsabilidad política.
La ciudadanía no elige autoridades para que utilicen el cargo como sala de espera rumbo al siguiente puesto. Las elige para resolver problemas concretos durante un periodo determinado.
Cadereyta no puede convertirse en la escenografía de una precampaña permanente.
Antes de pedirle a Querétaro que evalúe sus aspiraciones, La Presidente debería recorrer —sin camioneta oficial, sin escoltas y sin comitiva— cada metro del camino hacia El Puerto de la Concepción. Debería escuchar el ruido de las suspensiones golpeando, observar a los conductores invadir el carril contrario para esquivar los hoyos y preguntarles a los habitantes cuánto tiempo llevan esperando una intervención integral.
Quizá entonces comprendería que el problema no es que solicite una licencia de un día.
El problema es que las comunidades llevan demasiado tiempo esperando que alguien ejerza plenamente el cargo.
Porque mientras la presidenta municipal intenta pavimentar su camino hacia la gubernatura, los caminos de Cadereyta continúan deshaciéndose bajo las llantas.
Las calles se hunden. La ambición no.












