La Unidad Deportiva de Ezequiel Montes entre carpas, mesas y el enojo ciudadano
En Ezequiel Montes parece que alguien confundió una cancha de fútbol con salón de eventos. Y no cualquier cancha: una unidad deportiva con pasto sintético, es decir, un espacio público hecho para correr, jugar, entrenar y convivir deportivamente, no para cargarle encima carpas, mesas, sillas, camiones, cajas y el entusiasmo presupuestal de una fiesta oficial.
La molestia de los usuarios no es capricho. En la imagen se observa una carpa instalada directamente sobre el terreno de juego, vehículos dentro o junto al campo, estructuras metálicas, recipientes y personal preparando el montaje. La pregunta ciudadana es simple: ¿quién autorizó usar una cancha deportiva como pista de fiesta?
El problema no es celebrar a los maestros. El problema es hacerlo en un espacio que podría resultar dañado si no se toman medidas técnicas. Una cancha sintética no se destruye solo con jugar fútbol; también se maltrata con peso mal distribuido, sillas sin protección, arrastre de mobiliario, líquidos derramados, grasa, basura y anclajes indebidos.
Y aquí viene lo incómodo: si el municipio decidió usar esa cancha, debería informar públicamente qué medidas de protección colocó, quién será responsable si hay daños, si habrá supervisión antes y después del evento, y si se levantará acta del estado físico de la cancha.
Porque lo público no es de quien gobierna: es de la gente. La cancha no es mantel, no es patio de banquete, no es bodega temporal. Es infraestructura deportiva pagada con recursos públicos y utilizada por ciudadanos que hoy ven con preocupación cómo su espacio puede terminar “celebrado” a pisotones.
La Presidencia Municipal todavía puede corregir: proteger el pasto, limitar cargas, prohibir estacas, impedir el arrastre de estructuras y garantizar limpieza técnica posterior. Celebrar está bien; improvisar sobre patrimonio público, no.
Porque una fiesta dura unas horas, pero una cancha dañada la pagan todos.








