Querétaro, Qro.- La noche volvió a romperse entre fierros retorcidos, patrullas y vecinos asomados detrás de las puertas. En la colonia Cuauhtémoc, sobre la carretera Chichimequillas–Querétaro, una camioneta particular salió del camino y terminó protagonizando un aparatoso percance al impactarse de frente contra otro vehículo, en un hecho que dejó al menos tres personas valoradas en el lugar y volvió a encender la alarma en una zona donde los accidentes parecen haberse vuelto costumbre.
La primera imagen retrata el desconcierto inmediato después del golpe. Sobre una vialidad empedrada y en pendiente, una camioneta blanca quedó atravesada con el cofre hundido, el frente desecho y la carrocería detenida apenas a unos metros de una vivienda. Enfrente, un automóvil gris también muestra daños visibles en la parte delantera, como si ambos vehículos hubieran quedado congelados justo en el instante posterior al estruendo. Entre las unidades, un elemento policial toma datos mientras varios vecinos observan la escena en silencio. No hay humo en el aire, pero sí esa sensación pesada que dejan los accidentes fuertes: piezas tiradas, puertas entreabiertas, miradas de susto y la pregunta inevitable de siempre: “¿ahora qué pasó?”.
La segunda imagen permite medir mejor la violencia del impacto. Ahí se aprecia una de las unidades involucradas completamente destrozada del frente: sin fascia, con la parrilla colapsada, el cofre levantado y buena parte del sistema frontal expuesto. No fue un simple rozón ni una maniobra menor mal calculada. Fue un golpe de los que sacuden a quienes van dentro y a quienes viven alrededor. De esos que se escuchan primero y se entienden después, cuando uno sale y ve la calle convertida en escenario de emergencia.
De acuerdo con el reporte difundido por Noticias de Querétaro, el percance ocurrió la noche del 5 de abril, cuando una camioneta particular salió del camino en la carretera Chichimequillas–Querétaro, a la altura de la colonia Cuauhtémoc, y se impactó de frente contra otro vehículo. En el sitio fueron valoradas tres personas por cuerpos de emergencia. El propio medio presentó el caso como un “enésimo hecho de tránsito”, subrayando que no se trata de un episodio aislado sino de otro más dentro de una cadena de accidentes en esa misma zona. 
Y ese es justamente el fondo del problema. En la Cuauhtémoc ya no basta contar un choque: hay que contar la repetición. El lenguaje mismo del encabezado lo delata. Cuando un medio habla de un “enésimo” percance, está diciendo que el asombro ya fue reemplazado por la rutina. Que la novedad no es el accidente, sino que todavía no se haya corregido la historia. En publicaciones relacionadas del mismo medio se insiste en que en ese tramo se registran percances de manera frecuente, lo que refuerza la percepción vecinal de riesgo constante en la zona, aunque hasta ahora no se advierte en esa nota una estadística oficial detallada que dimensione el problema con precisión. 
La escena, vista desde la calle, habla por sí sola: casas pegadas a la vialidad, circulación nocturna, pendiente, oscuridad y vehículos que terminan fuera de control en un entorno donde un error al volante puede convertirse en tragedia en segundos. Esta vez hubo personas valoradas y daños materiales de consideración. Esta vez no se reportó, al menos en los primeros datos difundidos, una pérdida humana. Pero la repetición de este tipo de hechos coloca otra vez bajo la lupa las condiciones de seguridad vial en ese tramo y la necesidad de medidas que dejen de llegar cuando ya todo está hecho pedazos. 
En la colonia Cuauhtémoc, la noche dejó otra postal de metal roto, luces de emergencia y vecinos desvelados. Otra más. Y ese “otra más” es justamente lo preocupante. Porque cuando los accidentes empiezan a parecer paisaje, la omisión también empieza a formar parte del camino.









