Ezequiel Montes, Qro.- En el municipio de Ezequiel Montes, sobre la calle Venustiano Carranza, no sólo hay una alcantarilla destapada en plena vialidad. Hay algo más profundo: un ejemplo claro de cómo la omisión gubernamental puede volverse paisaje, costumbre y, peor aún, amenaza cotidiana para la ciudadanía.
De acuerdo con vecinos que hicieron llegar el reporte a nuestro medio de comunicación, este riesgo lleva ya algún tiempo sin ser atendido. No estamos hablando de un desperfecto menor ni de una simple molestia urbana. Se trata de un punto de peligro abierto, visible, permanente y suficientemente grave como para provocar la caída de un peatón, un accidente en motocicleta, daños a un vehículo o una tragedia mayor. Y aun así, ahí sigue. Como si nadie viera. Como si a nadie le importara.
Ese es precisamente el problema de muchos gobiernos municipales: suelen reaccionar rápido para la fotografía, para el evento, para el discurso, para la lona y para el aplauso fácil, pero avanzan con una lentitud desesperante cuando se trata de resolver lo básico. Porque gobernar no es sólo inaugurar obras o presumir campañas; gobernar también es tapar una alcantarilla antes de que alguien termine lesionado. Así de simple. Así de elemental. Así de olvidado.
Lo preocupante no es únicamente el hueco en la calle, sino el hueco en la responsabilidad pública. Cuando una autoridad deja pasar días, semanas o quizá más tiempo ante un riesgo evidente, el mensaje que envía es brutal: la seguridad del ciudadano vale menos que la burocracia, menos que la agenda política y menos que la comodidad del “ahorita lo vemos”. Mientras tanto, los vecinos viven esquivando el peligro y esperando que la suerte haga el trabajo que el gobierno no ha querido hacer.
En municipios como Ezequiel Montes, donde cada acción de gobierno debería sentirse en lo cercano, en la calle, en la colonia, en el trayecto diario de la gente, estos descuidos pesan más. Porque exhiben no sólo una falla operativa, sino una desconexión con la realidad. La política local pierde credibilidad cuando no puede responder siquiera a lo urgente. Y pocas cosas son más urgentes que un riesgo abierto en plena vía pública.
La pregunta no es si ya lo reportaron. La pregunta es por qué, si ya se reportó, sigue ahí. La pregunta es quién se hará responsable si mañana un motociclista cae, si un adulto mayor tropieza o si un niño resulta herido. Porque cuando el gobierno normaliza el abandono, la ciudadanía termina pagando el costo.
A veces la crítica política no nace de los grandes discursos ni de los millonarios presupuestos. A veces nace de algo tan concreto como una tapa que falta. De un hoyo en medio de la calle. De una omisión tan visible que termina retratando con precisión el tamaño del descuido oficial.
En Venustiano Carranza no sólo falta una tapa. Falta atención, falta respuesta y sobra silencio.







