Esta semana, entre discursos oficiales, fotografías de ocasión y paladas de tierra simuladas, el gobierno colocó la primera piedra del nuevo campus de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) en Ezequiel Montes. Pero lo que debería ser un motivo de orgullo para la comunidad, en realidad se ha convertido en el recordatorio de una farsa política y de una promesa incumplida que ya pesa más de 28 millones de pesos.
El origen de este proyecto está en la feria que organizó la actual administración municipal. Con bombo y platillo se aseguró que la inversión de 28 millones de pesos se recuperaría con el evento y que esos recursos servirían para levantar un campus universitario de la UAQ. La narrativa era impecable: fiesta, turismo, derrama económica y, como colofón, la construcción de instalaciones de nivel superior que cambiarían el futuro educativo de la región.
La realidad fue muy distinta. De esos 28 millones apenas se recuperaron 5 millones, y lo que en teoría sería un campus universitario terminó reducido a un bachillerato de la UAQ, una extensión modesta que además se financiará con otros 10 millones de pesos: 5 puestos por la propia UAQ y 5 por el gobierno del estado. Dicho de otro modo: la feria fue un gasto sin retorno, y el plantel que se presume hoy no nació del éxito de aquel evento, sino del parche improvisado para justificarlo.
Lo más grave es la falta de pertinencia social y educativa. En Ezequiel Montes egresan al año 1,193 alumnos de secundaria, y de acuerdo con el propio Colegio de Bachilleres (COBAQ), ninguno se queda sin espacio: todos son aceptados, aunque a veces no en el turno que prefieren. En otras palabras, la demanda de lugares de bachillerato ya está cubierta. Entonces, ¿para qué construir otro bachillerato si no hay jóvenes excluidos?
Mientras tanto, las verdaderas necesidades de la región se ignoran. Querétaro avanza a pasos acelerados hacia la industrialización con inversiones multimillonarias como la de Amazon, que superará los 5 mil millones de dólares. Ese cambio exige instituciones educativas con terminaciones técnicas, que preparen a los jóvenes para integrarse a un mercado laboral que requiere técnicos, ingenieros y especialistas. Incluso el director general del COBAQ ha buscado alianzas con inversionistas para adaptar planes de estudio a esta nueva realidad. Y, sin embargo, el gobierno municipal se conforma con ofrecer otro bachillerato genérico.
Lo ocurrido en Ezequiel Montes es el ejemplo perfecto de cómo el populismo político convierte una oportunidad en un desperdicio. En lugar de sentar las bases de un verdadero campus universitario o de un centro técnico que proyectara a los jóvenes al futuro, se entrega un proyecto reducido, innecesario y nacido de la simulación. Una primera piedra que no representa esperanza, sino la pesada carga de 28 millones tirados en un espectáculo que hoy revela su verdadero rostro: el de una promesa incumplida.





