En Ezequiel Montes
Las quejas ciudadanas no se detienen. Desde el inicio de la actual administración en Ezequiel Montes, el parque y los campos deportivos de la presa han quedado en el más absoluto abandono. No es la primera vez que se señala el deterioro: los reportes se acumulan y el malestar crece entre los vecinos, que ven cómo un espacio público destinado al esparcimiento se ha convertido en un ejemplo de descuido oficial.
La situación empeoró tras la rehabilitación de la calle Nicolás Bravo. Lo que debió ser una obra de mejora urbana terminó agravando los problemas: hoy, toda el agua del drenaje desemboca directamente en el parque, provocando encharcamientos permanentes y un daño ambiental y sanitario evidente.
En contraste, la administración pasada mantenía un nivel básico de atención: deshierbe, maquinaria para desaguar y reparaciones oportunas de luminarias. Hoy, la misma comunidad denuncia que un solo foco tardó más de tres meses en ser reemplazado, una muestra clara de la desidia con que se atienden las necesidades más simples.
La actual gestión presume de tener un “mega proyecto” para rehabilitar este parque. Sin embargo, la desconfianza ciudadana es total: si la obra no contempla una planeación hidráulica adecuada, nacerá obsoleta. No se trata solo de levantar infraestructura vistosa, sino de atender la realidad: en este punto desemboca la mayor parte del agua pluvial de la zona. Ignorar ese hecho es condenar cualquier inversión al fracaso.
El parque de la presa, más que un lugar recreativo, es ahora el espejo de una administración que ha convertido la indiferencia en política pública. Y mientras tanto, los vecinos siguen esperando que alguien, por lo menos, escuche.









