Guerra larga, impuestos tensos y el dilema de la ayuda externa
Kyiv, Ucrania, 15 sep. — El primer ministro ucraniano informó que el proyecto de presupuesto 2026 prevé un déficit del 18.4% del PIB, magnitud que da idea de un esfuerzo bélico prolongado y de una economía que no logra recomponer su base tributaria al ritmo requerido. El documento, en construcción, asume gasto militar elevado, programas de reconstrucción e incentivos para sostener el tejido productivo, pero reconoce que el equilibrio depende de ayuda externa y de la estabilidad de ingresos fiscales en un entorno de guerra. (Reuters)
Kyiv admite que no es un presupuesto “normal”: la combinación de defensa, infraestructura crítica y protección social consume la mayor parte del gasto primario. La administración dice que trabaja en mejoras de recaudación, combate a evasión y digitalización del fisco, pero el bache de actividad es profundo: empresas dañadas, cadenas logísticas interrumpidas y riesgo país que encarece el crédito. (Reuters)
El frente geopolítico complejiza el marco fiscal. Mientras drones ucranianos atacan infraestructura energética en Rusia —incluida la refinería de Kirishi— para limitar capacidades militares del Kremlin, Moscú promete represalias y presume derribos masivos de aparatos. El tira y afloja mantiene volátiles los mercados de energía, presiona seguros y siembra dudas sobre la resiliencia de rutas logísticas en la región. (Reuters)
En paralelo, socios occidentales calibran el cansancio financiero: cuánto dinero, por cuánto tiempo y con qué condicionalidades. Kyiv busca compromisos plurianuales, acceso a líneas concesionales y, sobre todo, previsibilidad para planear adquisiciones militares y proyectos de reconstrucción. Sin esa red, el 18.4% no es sostenible. (Reuters)
El impacto social es brutal: migración forzada, familias separadas, inflación intermitente por choques de oferta, y una generación que alterna empleo con defensa territorial. Aun así, el gobierno insiste en que reformas micro (desburocratización, gobierno digital, fomento a Pymes) pueden sembrar la base de una recuperación posguerra.
El presupuesto 2026, entonces, funciona más como ancla política que como deseo contable: un mensaje a aliados y mercados de que Ucrania no se rinde, pero necesita un andamiaje financiero robusto para que la resistencia no colapse por falta de recursos. La guerra se pelea con soldados… y con presupuestos. (Reuters)





