En Estocolmo, entre cafés fuertes y frases cautelosas, EE. UU. y China acordaron extender su tregua arancelaria por 90 días más, evitando una escalada que hubiese disparado los gravámenes hasta 145 % en Estados Unidos y 125 % en China. Trump firmó la extensión apenas antes de la medianoche—actuaba casi por reflexo a pocos minutos de que expirara el veto temporal—y el gobierno chino replicó con un gesto equivalente. (Reuters)(elconfidencial.com, Reuters)
El movimiento no fue espontáneo. Mercados globales respiraron aliviados: Asia y Europa vieron cómo subían acciones y los precios del petróleo, impulsados por la esperanza de que esta tregua mantenga vivas las cadenas de importación justo cuando los minoristas de EE. UU. se preparan para la temporada navideña. El Brent y el WTI llegaron a alzas considerables. (Reuters)(Reuters)
Una tregua navideña, pues. Un respiro con fecha de caducidad. Trump habló de que “China ha estado negociando muy bien”, mientras deja en el aire si habrá más sacrificios: mayor compra de soja, por ejemplo. En la práctica, el trato no cambió nada sustancial: los aranceles se mantienen en 30% (EE. UU. sobre China) y 10% (China sobre EE. UU.), lo que funciona como una mordaza… con poca fuerza todavía. (Reuters)(Reuters)
Las voces más analíticas lo definen sin eufemismos: fue un “respiro estratégico”, ni más ni menos. No es paz, sino un aplazamiento conveniente. Lo saben bien los minoristas, pero también los gigantes tecnológicos que navegan entre cambios arancelarios y restricciones para exportar chips. Trump incluso blinda ciertos productos: Nvidia podrá vender su chip Blackwell, pero solo bajo licencia y con un 15 % de impuesto, mientras el oro queda exento en medio de rumores de gravámenes del 39 %. (El Confidencial, Cadena SER)(Cadena SER)
La realidad es que todos respiramos… pero por un rato. Los aranceles están congelados, pero no disueltos. La extensión no resuelve las causas profundas del conflicto: competencia tecnológica, rivalidad estratégica, cadenas de suministro fracturadas. El último golpe: el FMI elevó la advertencia de que si esto falla, la siguiente oleada arancelaria podría golpear el crecimiento global. (Reuters)(Reuters)
Cierre editorial
Lo llaman tregua, pero es como empujar la nuez a unos milímetros del borde para que no ruede… por ahora. Trump y Xi podrían ser jinetes del apocalipsis comercial, pero hoy, por un ratito, decidieron que preferían focos que barriles incendiarios. Sin embargo, ese respiro navideño huele más a estrategia que a generosidad.





