Autor: F.J. Garrido
La Humanidad está en pleno crecimiento, y no solo porque habitamos este planeta casi 8 mil 300 millones de personas, sino porque hay ahora más viejos que en ninguna otra etapa de la historia humana. Para esbozar el tema, digamos que en México cada día mil personas cumplen 60 años de edad o que en Estados Unidos y Canadá juntos, cada día 10 mil personas llegan a los 65, que para ellos es la edad de jubilación. En el mundo y para dentro de solo 4 años, una de cada 6 personas tendrá 60 años o más.
Desde luego que el autor de esta columna, ya muy cerca de ingresar al 7º piso de la vida, no trata de escandalizar con estas cifras sino poner “los puntos sobre las íes” (frase en sí misma reveladora de edad), de una realidad que no puede negarse, frente a la cual no podemos cerrar los ojos. Y si se trata de abrirlos hagámoslo bien: El mundo ha cambiado, los “viejitos” no vamos dejando un rastro de polilla, “chocheamos” ─si es que lo hacemos─ de una manera muy distinta a la que dictan los cánones del prejuicio colectivo y nos negamos a quedar exiliados en un café o en una plaza pública para bailar danzón.
Vaya aquí otro dato “inquietante” (literalmente, para quitar la quietud): No importa cuántos “jubilosos jubilados” veamos atiborrando las mesas de su desayunador favorito, en México la mayoría de las personas con 60 años y más no puede “sentarse en sus laureles”, en primera porque los laureles son para ceñir la cabeza y no para sentarse en ellos; y en segunda porque, al margen de la edad de jubilación, que varía de país a país, en ninguna parte del mundo el estómago ha aprendido a jubilarse.
Pero no te espantes, lector, pues a pesar de que este columnista milita en las amplias filas de los “injubilados”, el propósito de esta columna no es machacar en que los viejos nos merecemos todo solo porque hemos sobrevivido; no se trata de que nos mantengan, pero tampoco de que nos retengan. El llamado es para aquellas mil personas que cada día cumplen 60 años y se suman a los que ya estábamos en ese vasto territorio: La vida cambia, siempre y como siempre, pero si sigues viviendo, ¿quién te dijo que un simple cumpleaños te permitiría renunciar a la propia vida?







