Entrevista con Roberto Cabrera
San Juan del Río, Qro.- En la antesala de un nuevo ciclo político-administrativo, el presidente municipal de San Juan del Río, Roberto Cabrera, abre las puertas a un ejercicio de rendición de cuentas que trasciende los discursos. En una conversación franca, profunda y técnica, Cabrera desgrana los pilares sobre los que ha edificado su visión de gobierno. Esta es ya su tercera entrevista en la serie de conversaciones con Voz y Testimonio, y se siente el peso del compromiso asumido.
Desde el primer minuto, el edil deja claro que no improvisa. A diferencia de tantos políticos que hablan en generalidades, Cabrera estructura su intervención en lo que llama con precisión «los cuatro pilares de la administración municipal»: servicios públicos, seguridad, obra pública y mantenimiento urbano. Cuatro ejes que, lejos de ser eslóganes, están respaldados por datos duros, métricas diarias y una lógica de administración eficiente.
Una ciudad que brilla, respira y camina segura
El primer eje, servicios públicos, revela una ciudad que se piensa desde lo más esencial: luminarias que funcionan, calles sin baches, banquetas limpias y áreas verdes podadas. Cabrera se detiene a detallar cómo incluso el haz de luz de una lámpara se ve influido por el árbol de la banqueta. Ese nivel de detalle técnico define su estilo: meticuloso, metódico, municipalista. En sus palabras, «una ciudad bien cuidada es una ciudad más segura», y esa premisa guía la simbiosis entre servicios y seguridad.
Aquí no hay promesas vacías: hay cifras. Se habla de metros cuadrados barridos, árboles podados, luminarias cambiadas de vapor de sodio a tecnología LED. Y sobre todo, se habla del rostro de la ciudad como una carta de presentación para los ciudadanos y para quienes la visitan.
Obra pública que transforma la vida diaria
Al entrar en el segundo pilar, la entrevista se convierte en una clase magistral de planeación urbana. Cabrera no solo enumera obras: las explica, las justifica, les da un contexto humano. La rehabilitación de la calle 5 de Mayo, por ejemplo, no es solo un proyecto vial: es una intervención social. Al ser el principal eje de transborde del transporte público, esta calle impacta directamente a más de 150 mil personas.
Pero no todo es superficie. En el caso de Avenida Central y Universidad, el alcalde describe una problemática de fondo: escurrimientos pluviales que erosionan el asfalto. La solución: un drenaje profundo de gran calibre. “El enemigo del asfalto es el agua”, sentencia. Y por eso, el trabajo empieza por abajo. Esa visión integral, que piensa tanto en lo visible como en lo oculto, define su estilo de gestión.
También se contempla el rescate del viejo camino a Santa Cruz Nieto, convertirlo en un par vial funcional y ordenado, con semaforización estratégica. Todo esto no solo resuelve movilidad, sino que también genera inversión, impulsa el desarrollo industrial y mejora la calidad de vida.
Herencia viva: identidad, historia y orgullo urbano
Uno de los momentos más entrañables es cuando el alcalde habla del rescate de los espacios históricos de San Juan del Río. Menciona con especial cariño la restauración de edificios icónicos como el Beaterio, el Museo de la Muerte, el Santuario de Jesúsito y la Santa Veracruz. «Yo quiero bonito mi San Juan», dice, con una mezcla de ternura y determinación. No es solo obra pública: es restaurar el alma de una ciudad con siglos de historia.
Parques vivos, ciudadanía activa
El tercer y cuarto pilar de su gestión se fusionan cuando se habla del mantenimiento urbano y del rescate de espacios públicos. Cabrera narra cómo parques olvidados, como Las Garzas, han resurgido gracias al trabajo coordinado entre administración y ciudadanía. Aquí emerge una filosofía de gobernanza compartida: “si lo cuidas, te damos más”, dice, refiriéndose al modelo de corresponsabilidad para mantener parques de barrio.
Habla de parques que fueron construidos con programas federales en el pasado, pero que quedaron en el abandono. Ahora, la meta es darles vida de nuevo con iluminación, limpieza, y lo más importante: presencia humana. Porque un parque lleno de familias, de abuelitas leyendo, de niños jugando, es un territorio donde la violencia no entra.
Gobernar con estructura y emoción
Lo que más sorprende en esta entrevista no es la enumeración de obras o el despliegue técnico —que es vasto—, sino la coherencia interna del discurso. Cabrera habla con convicción de que una buena administración empieza por lo básico: el camino de tu casa al trabajo. No se pierde en debates ideológicos, ni se escuda en el estado o la federación. Aquí, la gestión es local, tangible, medible. “No hay que inventar el hilo negro, hay que hacerlo funcionar”, parece decir entre líneas.
Su visión no es solo de obra. También habla de cómo usar el ordenamiento legal, los traslados de dominio, los permisos de construcción como herramientas para recaudar, y así reinvertir en la misma comunidad. Incluso propone incentivos para que las remesas se canalicen hacia negocios locales, con apoyo municipal. Ideas frescas, ejecutables, con un enfoque gerencial.
Final abierto, pero contundente
La entrevista concluye con un llamado a la ciudadanía. Cabrera sabe que gobernar no es solo hacer, sino hacer con la gente. Que las políticas públicas más exitosas son aquellas que se apropian los ciudadanos. Por eso, insiste: “Un parque vivo es un parque seguro. Una calle limpia es una calle que se respeta.”
Así, Roberto Cabrera no se presenta como un político que promete, sino como un gestor que entrega. En sus palabras, en sus planes y en su tono, se percibe una voluntad clara: construir, restaurar, sembrar comunidad. San Juan del Río está en transformación, y en esta entrevista queda claro por qué.
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