Colón, Qro.- La Solicitud 17 de la Auditoría Ciudadana de Voz y Testimonio exige al Municipio de Colón entregar el padrón de proveedores vigente 2026 y su historial de cambios de 2024 a 2026, en formato abierto Excel/CSV, no en imágenes ni PDF escaneado. La petición solicita datos como RFC, razón social, giro o actividad, representante —si obra en registros públicos internos—, fecha de alta, estatus activo o inactivo, fecha de baja, domicilio en versión pública, datos de contacto institucionales y la Unidad Responsable que lo ha contratado, si aplica.
El punto crítico es que un padrón de proveedores no debe ser una fotografía congelada, sino un historial verificable. Saber quién está registrado hoy ayuda, pero saber cuándo entró, cuándo salió, qué cambios tuvo y qué áreas lo han contratado permite detectar patrones, proveedores recurrentes, altas oportunistas, bajas silenciosas o posibles conflictos de interés. La solicitud pide precisamente ese histórico “versionado” con altas, bajas, cambios y fecha de modificación.
También se solicita conocer si existen sanciones, inhabilitaciones o procedimientos contra proveedores, con fundamento, fecha, periodo y estatus. Este punto es esencial: un gobierno no solo debe decir a quién contrata, sino también si alguno de esos proveedores ha tenido observaciones, restricciones o antecedentes administrativos relevantes. Ocultar esa información debilita la confianza pública y deja a la ciudadanía sin elementos para evaluar la calidad de las contrataciones.
La transparencia en proveedores no es un trámite menor. Es una puerta de entrada para revisar compras, contratos, adjudicaciones y relaciones económicas alrededor del gobierno municipal. Si Colón quiere rendir cuentas, debe entregar datos completos, actualizados y comparables, conservando los campos técnicos aun cuando se protejan datos personales mediante versión pública.
La pregunta de fondo es sencilla: ¿quiénes proveen al Municipio de Colón, desde cuándo, bajo qué estatus y con qué historial? Sin un padrón versionado, la ciudadanía solo ve nombres sueltos; con datos abiertos, puede empezar a seguir la ruta real de las contrataciones públicas.












