Bernal, E. Montes.- El encanto de Bernal, orgullo de Querétaro y uno de los Pueblos Mágicos más visitados del país, hoy se ve empañado por una escena que poco tiene de mágica y mucho de preocupante: una plaga de ratas se ha apoderado de la calle Mesón, en pleno corazón de la localidad.
Quienes recorren sus calles empedradas, entre colores coloniales y aromas de gorditas de maíz quebrado, se topan con un espectáculo inquietante. Desde una pared deteriorada, conectada a antiguos baños que comunican con una plaza en la parte alta, emergen las ratas en oleadas, como si la piedra misma escupiera el descuido y la indiferencia.
De día, los habitantes intentan seguir con sus actividades, resignados a convivir con esta presencia indeseada. Pero es al caer la tarde cuando el drama se intensifica: los roedores recorren banquetas y se infiltran en rincones, dejando tras de sí un rastro de suciedad y miedo. Turistas incrédulos captan fotos, y algunos se marchan con una amarga impresión de lo que debería ser un paraíso serrano.
La indignación crece entre los vecinos. No se trata solo de la mala imagen —que por sí sola golpea la reputación turística de Bernal—, sino del riesgo sanitario que representa esta invasión. El Pueblo Mágico que presume su imponente Peña, su historia y su cultura, hoy está bajo asedio de una plaga que avanza a la vista de todos, mientras las autoridades miran hacia otro lado.
El llamado es urgente: la Delegación de Bernal y el municipio de Ezequiel Montes no pueden seguir ignorando este problema. El silencio oficial se convierte en cómplice de la degradación de uno de los destinos más visitados de Querétaro.
Bernal, cuna de historias y refugio de tradiciones, no merece quedar reducido a un escenario donde la magia convive con la peste.




