Impúdica envidia
A los periodistas nos enseñan que lo bueno no es noticia y hay algo de razón en ello, porque las malas nuevas generan siempre mayor expectación que las buenas (nuevas). Por cuanto a los jubilados la semana pasada hablamos de personas que para la redacción de este medio merecieron el atinado título de “jubilados sin júbilo”, así que ahora tomemos el caso contrario: la de aquellos a quienes les llegó la jubilación y se la pasan bien, lo que, hagamos sin miedo a un lado la envidia, sin duda abarca a un gran número de personas.
Como botón de muestra tomemos el caso de Víctor, ingeniero mecánico de profesión quien tiene 5 años de ‘retirado’, como él dice, y desde entonces, asegura, no ha pasado un solo día en que haya sentido arrepentimiento, ni aburrimiento. Por lo primero qué bueno, porque si bien algunas personas, casi siempre en detrimento de su ingreso, tienen opción de jubilarse un poco antes, nadie puede jubilarse después de la fecha límite marcada por la edad y/o por el tiempo que se la han pasado trabajando en una misma organización productiva.
Por cuanto a lo segundo el asunto cambia, pues puede haber múltiples alternativas a las vacaciones permanentes, en el entendido de que, por definición, si son permanentes dejan de ser vacaciones, además de que no habría jubilación que pudiera sostenerlas. Víctor dice que la clave está en la planeación, a lo que su entrenamiento profesional le ha ayudado: hace tiempo se incorporó a las huestes de los estudiantes de carpintería en una escuela de artes y oficios y antes de hacerle saltar una sola astilla a la madera ya tiene dibujados en su cuaderno auténticos planos de ingeniero, lo que le ha permitido crear muebles de calidad. Como ya terminó su instrucción al respecto, ahora se mudó a un taller vecino, el de talla de madera, y si tú, lector, lo invitas a tu casa un día, probablemente llegue con un balero en mano, que no ha fabricado él pero con el que no tiene rival; ¿te animas a la jubilosa competencia?
Otro caso digno de mención es el de Leticia, quien cree que tal vez no sabría hacer otra cosa que dar clases, tal vez porque ser maestra es una actividad laboral que ejerce desde que tenía 13 años, ya cumplió los 65 y sigue la mata dando. Claro que ya le llegó la edad de jubilación pero “no le aunque”, pues con los debidos ajustes fiscales sigue dando clases, dice que porque sus alumnos la alimentan con su juventud, con lo que ha descubierto que seguir trabajando es una actividad muy saludable.
Este columnista está convencido de que la verdadera fuente de la eterna juventud está en tener proyectos sustentables, tareas pendientes, cosas por hacer, ideales que alcanzar, amores que conquistar… expresado de otra forma, si dices -y estás convencido- que ya llegaste, que ya terminaste, independientemente de la edad que tengas pronto se te desatarán todos los eventos terminales que te acechaban y algunos espontáneos, porque sin ambición alguna de terminar es de lo que se trata.






