Cuando la política se disfraza de épica… y el debate se vuelve espectáculo.
Sinopsis
En la arena política de Querétaro, dos gladiadores modernos se enfrentan con furia y discurso afilado: Gilberto “El Retador” Herrera y Chepe “El Pancracio Azul” Guerrero. No luchan por el pan ni por la libertad del pueblo, sino por el espectáculo. El congreso y los Ayuntamientos son gradas vacías. La ciudadanía, apenas sombra entre las columnas. Y el plebiscito —la gran promesa democrática— yace muerto antes de comenzar la función.
Primer acto: La entrada triunfal
Desde el fondo del túnel, bajo trompetas imaginarias, aparece Chepe Guerrero, vestido con la túnica azul del PAN y escudo municipal. Levanta el brazo y lanza su lanza retórica: “¡Porro! ¡Improductivo! ¡Demagogo!”
Al otro lado, con toga de crítica y mirada severa, Gilberto Herrera toma la palabra como espada: “¡Simulación! ¡Complicidad! ¡Miedo al pueblo!”
No hay reglas. No hay moderador. Solo aplausos ficticios y sangre política que no salpica a nadie… más que al público que esperaba soluciones.
Segundo acto: El pueblo como decorado
Mientras los gladiadores gritan, la arena está adornada con pancartas de «Participación Ciudadana», «Consulta Popular», y «Plebiscito». Pero son solo telones pintados. Nadie firmó el decreto. Nadie pagó el boleto para que el plebiscito del agua en Cadereyta se realizara. El IEEQ, como cónsul abandonado, levanta los brazos: sin convenio, no hay función.
Y así, la consulta ciudadana que prometía empoderar al pueblo fue arrojada a los leones del olvido.
Tercer acto: Espectáculo sin justicia
En lugar de debate público, tenemos grilla digital. En lugar de votos, solo likes y retuits. La política se convierte en combate de gladiadores, donde la fuerza importa más que el contenido.
Pero aquí no hay libertad ni república. Solo una pantomima donde ambos bandos pelean por el reflector… no por el futuro de Querétaro.
Epílogo: La arena queda en silencio
“El Coliseo Queretano” es un espectáculo con buenos actores, mala producción y un guion repetido. Gilberto y Chepe no disputan el poder ciudadano, sino el protagonismo mediático.
Y mientras tanto, la democracia directa sigue sin presupuesto, sin calendario y sin defensa.
En esta historia, el pueblo no es espectador. Es utilería.






