Por Óscar AlcázarHay noticias que empiezan como rumor, otras como advertencia y algunas terminan convertidas en expediente.
Lo de Bernal y Cadereyta de Montes ya dejó atrás la primera etapa.
Hace unas semanas la pregunta era si realmente existía el riesgo de que dos de los principales destinos turísticos de Querétaro pudieran perder su nombramiento de Pueblo Mágico.
Hoy sabemos algo mucho más concreto:
sí existe una evaluación federal, sí hubo observaciones y Bernal y Cadereyta quedaron colocados en la categoría más baja del nuevo sistema de clasificación.
No significa que hayan perdido el nombramiento.
Pero tampoco permite seguir diciendo que todo se reduce a rumores.
La Secretaría de Turismo federal estableció un esquema de evaluación que clasifica a los Pueblos Mágicos en tres niveles:
A: Pueblo Mágico emergente.
AA: Pueblo Mágico en desarrollo.
AAA: Pueblo Mágico consolidado.
Y aquí viene el dato que debería provocar algunas reuniones bastante incómodas en los gobiernos municipales:
Bernal y Cadereyta quedaron en categoría A.
La más baja.
De los siete Pueblos Mágicos de Querétaro, cinco fueron clasificados en categoría AA: Amealco de Bonfil, Jalpan de Serra, Pinal de Amoles, San Joaquín y Tequisquiapan.
Bernal y Cadereyta quedaron un escalón abajo.
Y ninguno de los siete alcanzó AAA. (El Economista)
Así que esta vez no estamos hablando de percepción.
Estamos hablando de una evaluación.
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La magia ahora tiene calificación
Según información proporcionada por Saraí Vasthi Zamorano Olvera, jefa del Departamento de Capacitación y Competitividad Turística de la Secretaría de Turismo de Querétaro, el Gobierno federal estableció nuevos lineamientos con alrededor de 32 apartados o rubros que deben cubrir los destinos para justificar su permanencia y clasificación.
La revisión federal colocó desde finales de 2025 a los destinos dentro de las categorías A, AA y AAA, otorgándoles durante 2026 un periodo para solventar observaciones.
El plazo señalado para presentar las evidencias llega hasta septiembre de 2026. (El Economista)
Después vendrá la revisión.
Y posteriormente, hacia diciembre, conoceremos las consecuencias.
La propia funcionaria estatal explicó públicamente que será entonces cuando se determine si algún Pueblo Mágico del país pierde el nombramiento. (Alerta QR Noticias)
En castellano menos burocrático:
Bernal y Cadereyta tienen tarea.
Y no precisamente de esas que se entregan con una fotografía del presidente municipal inaugurando una jardinera.
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El problema no es solamente turístico
Aquí empieza lo verdaderamente político.
Porque cuando dos municipios quedan en la categoría más baja, inevitablemente aparece una pregunta:
¿qué dejaron de hacer?
La explicación oficial hasta ahora insiste en que buena parte de las observaciones están relacionadas con la necesidad de presentar evidencias: promoción turística, capacitación, certificaciones, Registro Nacional de Turismo y documentación sobre el trabajo realizado. (Alerta QR Noticias)
Eso puede parecer tranquilizador.
“Sólo faltaron papeles”, podrían decir algunos.
Pero cuidado.
En administración pública, cuando una autoridad no puede acreditar lo que dice haber hecho, existen solamente dos posibilidades:
o hizo el trabajo pero lo documentó mal, o simplemente no hizo suficiente trabajo.
Y ninguna de las dos habla precisamente de excelencia administrativa.
Porque gobernar también consiste en demostrar.
No basta con afirmar:
“promovimos el turismo”.
Hay que acreditar campañas.
No basta con decir:
“capacitamos prestadores”.
Hay que tener registros.
No basta con afirmar:
“trabajamos con comerciantes”.
Hay que demostrarlo.
No basta con publicar fotografías bonitas en Facebook.
La Federación pide evidencia.
Y ahí es donde algunas administraciones descubren que las redes sociales no sustituyen un expediente.
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Cadereyta: patrimonio enorme, gestión pequeña
Cadereyta quizás sea uno de los municipios con mayor potencial turístico de Querétaro.
Su extensión territorial permite ofrecer prácticamente varios destinos dentro del mismo municipio:
el semidesierto, Boyé, Vizarrón, Maconí, El Doctor, Tzibanzá, la Presa Zimapán, el Jardín Botánico Regional, la Quinta Fernando Schmoll, pinturas rupestres, grutas, gastronomía, patrimonio religioso y comunidades con enorme identidad cultural.
La propia Secretaría de Turismo federal continúa reconociendo esa riqueza dentro de su promoción oficial del destino. (Secretaría de Turismo)
Entonces el problema no puede ser que Cadereyta no tenga qué ofrecer.
Tiene de sobra.
La pregunta es:
¿qué está haciendo el gobierno municipal con todo eso?
Porque tener atractivos turísticos es una ventaja geográfica.
Convertirlos en desarrollo económico es una responsabilidad política.
Se necesitan rutas estructuradas.
Promoción.
Conectividad.
Señalética.
Capacitación.
Ordenamiento urbano.
Servicios.
Seguridad.
Estadísticas.
Coordinación con prestadores.
Productos turísticos.
Marketing digital.
Infraestructura.
Y sobre todo continuidad.
Porque el turismo no funciona con eventos aislados y fotografías del alcalde cortando listones.
Funciona cuando existe estrategia.
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Bernal: demasiada fama también puede ser un problema
Bernal vive una situación completamente diferente.
No necesita promoción para que la gente sepa que existe.
La Peña ya hizo gran parte del trabajo.
Bernal se incorporó al Programa Pueblos Mágicos desde 2005, lo que lo convierte además en uno de los destinos con mayor trayectoria dentro del programa. (Secretaría de Turismo)
Pero precisamente por eso su clasificación como Pueblo Mágico emergente resulta todavía más llamativa.
¿Cómo puede un destino con más de veinte años dentro del programa terminar colocado en una categoría llamada “emergente”?
La pregunta merece explicación.
Porque Bernal no está emergiendo.
Bernal lleva décadas consolidado en la imaginación turística nacional.
El problema parece estar en otra parte.
Y algunas pistas ya comenzaron a conocerse.
Información difundida durante agosto señala que una de las correcciones que deberá realizar el municipio de Ezequiel Montes consiste incluso en precisar que el nombramiento corresponde específicamente a Bernal y no automáticamente a todo el municipio. También se mencionan aspectos vinculados con limpieza, regulación, bebidas alcohólicas, conservación del patrimonio y políticas públicas relacionadas con el destino. (N+)
Eso cambia bastante la conversación.
Porque entonces la evaluación ya no puede reducirse a una carpeta mal integrada.
Aparecen temas relacionados directamente con la administración del destino.
Y eso sí es responsabilidad política.
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El 18 de agosto ya pasó
Existe además una fecha que debemos comenzar a mirar con lupa.
Las autoridades turísticas habían anunciado una reunión de seguimiento para el 18 de agosto, en la que participarían los siete Pueblos Mágicos, sus comités ciudadanos y representantes de las cadenas productivas.
La expectativa oficial era llegar aproximadamente al 60 por ciento de avance en la atención de las observaciones, con la intención de alcanzar el cien por ciento antes de la entrega de septiembre. (El Economista)
Hoy estamos a 20 de agosto de 2026.
La reunión ya debió ocurrir.
Pero hasta el momento de esta revisión no encontré una publicación pública suficientemente clara que detalle:
cuántas observaciones tenía Bernal;
cuántas Cadereyta;
cuántas fueron solventadas;
cuántas siguen pendientes;
ni qué porcentaje real alcanzó cada municipio.
Y eso abre otra pregunta periodística.
¿Dónde está el informe del 18 de agosto?
Porque si la situación es suficientemente importante para advertir públicamente que dos destinos pueden poner en riesgo su distintivo, también debería ser suficientemente importante para transparentar el avance.
No necesitamos solamente escuchar que:
“se está trabajando”.
Necesitamos números.
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Tequisquiapan demuestra que sí hay diferencias
Existe además un contraste interesante.
El municipio de Tequisquiapan informó que obtuvo una evaluación favorable dentro del mismo proceso y que se ubicó entre los 100 Pueblos Mágicos mejor evaluados del país.
Aunque también recibió observaciones complementarias, su gobierno afirmó haber cumplido satisfactoriamente la primera etapa y destacó elementos como la existencia de un Comité Ciudadano activo, reglamentación turística y mecanismos de seguimiento. (Quadratin Querétaro)
Eso elimina una excusa bastante cómoda.
No se puede decir simplemente:
“todos están siendo evaluados”.
Sí.
Todos están siendo evaluados.
Pero no todos obtuvieron la misma calificación.
Cinco destinos queretanos quedaron en AA.
Dos quedaron en A.
Y esos dos son precisamente Bernal y Cadereyta.
Por eso la pregunta no debe ser únicamente qué exige la Federación.
La verdadera pregunta es:
¿por qué estos dos quedaron hasta abajo?
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Y ninguno obtuvo AAA
También conviene evitar triunfalismos estatales.
Porque aunque Bernal y Cadereyta representan los casos más delicados, tampoco existe demasiado espacio para presumir.
Ninguno de los siete Pueblos Mágicos queretanos alcanzó la categoría AAA, Pueblo Mágico consolidado. (El Economista)
Eso debería provocar una reflexión en la Secretaría de Turismo estatal.
Querétaro ha construido durante años una parte importante de su narrativa turística alrededor de sus Pueblos Mágicos.
Se habla de rutas.
Experiencias.
Gastronomía.
Tradiciones.
Vino.
Historia.
Naturaleza.
Pero cuando llega la evaluación federal, resulta que ningún destino alcanza la máxima clasificación.
Quizá entonces no solamente hay dos presidentes municipales que deberían revisar qué hicieron.
Quizá también exista una política turística estatal que necesita preguntarse qué está fallando.
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No se trata de perder un logotipo
Algunos podrían pensar que todo esto es exagerado.
Que al final solamente hablamos de un distintivo.
Pero perder o degradar el posicionamiento dentro del programa puede tener consecuencias económicas y reputacionales.
“Pueblo Mágico” es una marca.
Genera promoción.
Atrae visitantes.
Favorece inversión.
Impulsa restaurantes, hoteles, operadores turísticos, artesanos y comerciantes.
Por eso el nombramiento no pertenece al presidente municipal.
Pertenece a la comunidad.
Y cuando una administración descuida las condiciones necesarias para conservarlo, no arriesga un diploma colgado en Presidencia.
Arriesga el patrimonio económico de miles de personas.
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Aquí empieza la verdadera investigación
La siguiente fase ya no debería ser preguntar si existe riesgo.
Eso ya está documentado.
Lo que necesitamos conocer ahora es:
el expediente.
¿Cuáles fueron las observaciones exactas hechas a Bernal?
¿Cuáles fueron las observaciones exactas hechas a Cadereyta?
¿Qué dependencia municipal debía atender cada una?
¿Qué funcionario era responsable?
¿Cuándo conocieron la evaluación?
¿Qué acciones realizaron desde entonces?
¿Cuánto dinero destinaron?
¿Qué documentos enviaron?
¿Qué porcentaje quedó solventado después del 18 de agosto?
¿Hubo advertencias previas que fueron ignoradas?
Y quizá la pregunta más divertida para una auditoría ciudadana:
¿cuánto dinero gastaron promocionando que eran Pueblos Mágicos mientras la Federación los calificaba como emergentes?
Ahí puede haber bastante jabón.
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El Jabonazo
Durante años la fotografía era sencilla.
El presidente municipal junto a las letras monumentales.
Sonrisa.
Sombrero.
Evento.
Dron.
Publicación en Facebook.
“Seguimos fortaleciendo nuestro Pueblo Mágico”.
Pero llegó la Federación con una tabla de evaluación.
Y resulta que la magia también tiene boleta.
Bernal: A.
Cadereyta: A.
La categoría más baja.
Todavía pueden mejorar.
Todavía pueden solventar.
Todavía pueden conservar perfectamente el nombramiento.
Y es importante decirlo:
hasta hoy no existe una resolución federal que retire el distintivo a ninguno de los dos destinos. Ambos continúan siendo reconocidos oficialmente dentro del programa de Pueblos Mágicos. (Gobierno de México)
Pero ahora la carga de la prueba cambió.
Ya no corresponde a los periodistas demostrar que existe un problema.
La evaluación ya lo puso sobre la mesa.
Ahora corresponde a los gobiernos demostrar que lo están corrigiendo.
Y septiembre está demasiado cerca.
Bernal seguirá teniendo su Peña.
Cadereyta seguirá teniendo su semidesierto, sus montañas, su gastronomía y sus comunidades.
La magia está ahí.
Lo que está bajo evaluación es otra cosa:
la capacidad de los gobiernos para cuidarla.
Y como siempre decimos en La Casa del Jabonoso:
cuando hasta la magia necesita presentar evidencias, es porque a más de un funcionario ya se le acabaron los trucos.










