Cuando hasta un concurso de piñatas exhibe la corrupción

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Ezequiel Montes,Qro.-En Ezequiel Montes, lo que debió ser una actividad cultural sencilla y transparente terminó convertido en un nuevo episodio de desorganización, favoritismo y opacidad por parte del gobierno municipal encabezado por Iván Reséndiz.

El concurso de piñatas, organizado con reglas claras y requisitos estrictos —entre ellos que las piezas fueran impermeables, resistentes al agua, al frío y al calor— terminó revelando un acto evidente de corrupción menor, pero simbólicamente devastador: resultó ganadora una piñata hecha de papel crepé, un material que no soportó ni la primera noche y que incumplía abiertamente las bases del certamen.

Mientras los participantes que siguieron las reglas invirtieron más tiempo, dinero y creatividad en materiales resistentes —sacrificando incluso la estética para ajustarse a lo solicitado— la piñata premiada se deshizo sin esfuerzo. Pero el problema no es solo la calidad del trabajo ganador, sino quién ganó y cómo ganó.

Un premio cuestionado desde el origen

Los jueces nunca dieron la cara. El fallo se anunció sin explicación técnica, sin justificación artística y sin un proceso mínimamente transparente. Y el detalle que terminó por encender la indignación de los asistentes fue decisivo: la persona galardonada es familiar directo del encargado de la Casa de la Cultura.

La sospecha dejó de ser sospecha y se convirtió en señal inequívoca: el concurso estaba inclinado desde antes de empezar.

Lo grave no es solo que se haya manipulado un concurso cultural, sino el mensaje que envía la administración municipal:
si en lo más simple hay favoritismo, ¿qué puede esperarse en lo realmente importante?

Desorganización como sello de la administración Reséndiz

Este episodio vuelve a mostrar lo que ciudadanos y participantes han señalado en múltiples ocasiones:
la profunda desorganización del gobierno de Iván Reséndiz.
No hay reglas claras, no hay procesos formales, no hay transparencia. Y cuando la improvisación se combina con el amiguismo, el resultado es siempre el mismo:
pérdida de confianza ciudadana y deterioro institucional.

Un concurso de piñatas puede parecer un asunto menor, pero en política no existen detalles pequeños.
Cada acto —por trivial que sea— exhibe la cultura interna del gobierno que lo organiza.
Aquí quedó claro: cuando se premia al familiar del funcionario, se golpea el trabajo de todos y se reafirma una estructura de corrupción cotidiana.

Ezequiel Montes merece algo mejor que una presidencia donde ni siquiera un concurso cultural puede manejarse sin sospechas.

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