En Ezequiel Montes, donde Morena presume gobierno, la realidad parece empeñada en recordarnos que administrar no es lo mismo que anunciar. La feria municipal dejó un sabor amargo: 28 millones gastados y solo 5 millones recuperados, un margen tan rojo que ni el discurso más creativo podría maquillar. Si esa fuera una empresa, ya habrían corrido al gerente; pero como es gobierno, aquí seguimos… esperando la “transformación”.
Mientras tanto, el presidente municipal presume promesas cumplidas de campaña… aunque nadie sabe exactamente cuáles, ni dónde están. Lo que sí se ve es una administración que tropieza con sus propias cuentas: ahora el aguinaldo 2025, que debía pagarse el 21 de noviembre, será “reprogramado” por una “actualización del sistema de nóminas”. Ah, claro… la eterna culpa del software. El sistema se actualiza, pero la confianza de los trabajadores se desinstala.
El mensaje es claro: cuando las prioridades se confunden, el caos se ordena solo. Se gastan millones en fiesta, pero se pospone lo básico. Se presume eficacia, pero los números cuentan otra historia. Y la ciudadanía, siempre paciente, empieza a preguntarse si este gobierno puede con lo que prometió o si ya entró en modo “a ver qué sale”.
Ezequiel Montes merece claridad, no excusas técnicas; merece cuentas firmes, no parches administrativos. Porque la realidad es contundente: si la administración no logra pagar aguinaldos a tiempo, ¿cómo va a cumplir lo demás? Y cuando el dinero se esfuma entre ferias infladas y promesas evaporadas, lo único que se transforma es la paciencia de la gente… en molestia.
Ojalá que el 2026 traiga algo más que reprogramaciones. Pero por ahora, el municipio sigue atrapado en su propio sistema… y no precisamente el de nóminas.




