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sábado, febrero 21, 2026

¡Sin Luz y Sin Plan! La tragicomedia eléctrica de Colón

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Promesas a oscuras y disculpas encendidas

Cuando en un municipio el apagón no solo deja sin luz a las casas, sino también a las ideas, es que algo anda muy mal.

En La Casa del Jabonoso 90, el escenario es Colón, Querétaro: un municipio que lleva días sumido en la oscuridad literal y simbólica. La causa —según su presidente municipal— es el “cambio del cableado antiguo”. Pero lo que los conductores del programa exponen es que el verdadero problema no es el cobre ni la CFE, sino la falta de planeación y la abundancia de justificaciones.

Desde el primer minuto, Óscar Alcázar arranca con tos —la metáfora perfecta del aire contaminado de discursos repetidos— y lanza el tema sin anestesia:

“Es de veras triste que el presidente salga a hacer un video disculpándose por incapacidades.”

El tono del programa es claro: no se trata de un análisis técnico de redes eléctricas, sino de un diagnóstico político con sarcasmo de alto voltaje. Armando Briones responde como quien prende un foco intermitente: “Bueno, pero la culpa es de la CFE, ¿no?”
Y ahí empieza la batalla del sentido común contra la retórica de los pretextos.

Durante una hora, ambos conductores desmenuzan la cadena de errores que convirtió una simple obra de mantenimiento en una crisis vecinal. En Juchiclán, cuentan, la gente lleva días sin electricidad. Los pequeños comercios —esas tienditas que sostienen la economía real— han tenido que tirar productos echados a perder: yogures, quesos, carnes frías. Y lo más grave: medicinas como la insulina, que sin refrigeración se vuelven veneno caro.
Pero el presidente municipal, fiel a la escuela del “yo no fui”, se presenta en video con una sonrisa de disculpa y un calendario de excusas: “Solo serán cinco o seis días más”.

Los jabonosos lo saben: en el lenguaje de la burocracia, “cinco días” suelen ser quince, y “disculpas públicas” equivalen a decir “aguántense”.
La ironía flota: “Bueno, al menos esta vez avisó… cuando ya se había ido la luz.”

El programa va hilando con maestría el absurdo de la gestión pública mexicana: autoridades que se felicitan por sus errores, comunidades que se enteran por Facebook que serán afectadas, y una comunicación institucional tan opaca como la noche sin luna en Colón.

Óscar recuerda que en países con planeación real, cuando se corta la electricidad se avisa con tiempo, se colocan generadores y se implementan esquemas de apoyo temporal. Pero en Colón, la modernización del cableado se parece más a una terapia de choque improvisada:

“Aquí te desconectan sin preguntar, te reconectan cuando se acuerdan y encima te agradecen la paciencia.”

El sarcasmo alcanza su punto de ebullición cuando mencionan a los comerciantes que tienen que recurrir al ingenio mexicano: hieleras, diablitos eléctricos y préstamos de vecinos para mantener viva la mercancía.
Armando, entre risas, sentencia:

“Eso sí es economía circular, porque la insulina va del refri al bote y del bote al coraje.”

Los jabonosos convierten la desgracia en espejo político: los apagones son la metáfora perfecta de gobiernos que no planean. Cada municipio, dicen, repite la misma fórmula: improvisar, victimizarse y, al final, culpar al clima o a la federación.
En Colón, la disculpa del alcalde se volvió viral por su tono de resignación y por el contraste entre su voz pausada y la furia encendida de los colonenses que llevan más de una semana sin luz.

En el estudio, las risas se mezclan con la crítica: “¿Cuántos cables habrá que cambiar antes de que cambien de presidente?”, pregunta Óscar, mientras Armando hace una pausa para simular un corte de luz.
La audiencia lo agradece: el humor negro funciona donde el alumbrado público no.

A mitad del programa, los conductores comparan este caso con ejemplos de administración eficiente. Mencionan obras pasadas en Bernal y Ezequiel Montes donde sí se avisó, se calendarizó la afectación y se comunicó con claridad.
Óscar remata con ironía:

“Allá avisaron con fecha de terminación; aquí, con fecha de resignación.”

El análisis se extiende hacia la raíz del problema: el divorcio entre la planeación técnica y la sensibilidad social. “No es el apagón lo que enoja”, explica Armando, “sino que te mientan diciéndote que solo serán unas horas, cuando ya vas por la tercera noche a oscuras.”
La crítica se vuelve punzante cuando abordan la falta de coordinación entre CFE y el municipio. Óscar lanza la pregunta que todos los colonenses quisieran gritar:

“¿Si el presidente no sabe cuándo va a regresar la luz, quién demonios lo sabe?”

El sarcasmo se convierte en arte cuando ambos empiezan a comparar el caso con obras fallidas: calles que se inundan, luminarias que no prenden y drenajes que prometen modernidad pero terminan llenos de lodo.
La ironía se vuelve pedagógica: “En los países desarrollados cortan la luz para mejorar el servicio; aquí, para justificar que no hay servicio.”

El último tramo del programa se convierte en una especie de monólogo colectivo. Ambos periodistas concluyen que el mayor déficit no es eléctrico sino moral.
Mientras la gente pierde comida y medicamentos, las redes del municipio publican videos de funcionarios repartiendo sonrisas y promesas.
Óscar lo resume con su mordacidad habitual:

“Colón no necesita nuevos cables, necesita nuevos cerebros conectados a la realidad.”

Armando, entre carcajadas, añade:

“Y un transformador que les dé tantita vergüenza.”

En el cierre, los jabonosos hacen lo que mejor saben hacer: convertir el enojo ciudadano en sátira. “Si seguimos así —dice Óscar— el lema de campaña del próximo alcalde será ‘Te prometo luz, aunque sea del celular’.”
Y Armando remata:

“O que al menos los videos de disculpa vengan con linterna incluida.”

Concluyen que los gobiernos locales deben entender que la comunicación no se mide por likes, sino por resultados. Las disculpas no alumbran, los discursos no enfrían la insulina, y las excusas no encienden los refrigeradores.
En Colón, la oscuridad sigue siendo más que una falla eléctrica: es el reflejo de una administración desconectada del pueblo.

Una hora de crítica, humor y sarcasmo que ilumina más que toda la red eléctrica municipal.

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