Accidente que exhibe a la administración de Tequisquiapan
Tequisquiapan, Qro.— La historia de la famosa camioneta del DIF municipal vuelve a los reflectores, esta vez no por sus lujos ni por los señalamientos de uso personal, sino por un accidente carretero que terminó con un menor de edad lesionado y un nuevo capítulo de incongruencias en la administración que encabeza el presidente Héctor Magaña.
La noche del incidente, una camioneta color gris, valuada en más de un millón y medio de pesos, según versiones en redes, quedó con el frente destrozado tras chocar sobre la vialidad. De acuerdo con testigos y fotografías difundidas en redes sociales, en el lugar se encontraban el secretario general de presidencia, Xavier González, y la señora Laura Rentería, madre del presidente municipal y usuaria frecuente del vehículo oficial.
Lo irónico no pasa desapercibido. Fue el mismo presidente Magaña quien, durante eventos públicos y entregas de obra, aseguró que esa unidad “demasiado cara” sería vendida para adquirir un transporte destinado a enfermos que requieren traslado a hospitales. Sin embargo, a más de un año de gestión, la promesa nunca se cumplió. La camioneta nunca fue vendida, pero sí fue vista —en múltiples ocasiones— paseando a la contadora Norma y a allegados del círculo cercano del alcalde.
Ahora, tras el accidente, el vehículo que debía transformarse en un medio de apoyo social está fuera de servicio y con severos daños. Paradójicamente, se trataba del mismo automóvil que simbolizaba la “austeridad” prometida en los discursos oficiales.
Mientras tanto, el menor lesionado fue atendido por los cuerpos de emergencia, y aunque su estado de salud es reportado como estable, el hecho deja más preguntas que respuestas. ¿Quién autorizó el uso de la camioneta esta noche? ¿Por qué estaba siendo utilizada nuevamente con fines personales? ¿Y por qué se mantenía a resguardo del DIF si su destino debía ser otro?
En la escena, el brillo de las torretas reflejaba más que un accidente: reflejaba el desgaste moral y la falta de coherencia de un gobierno que habla de responsabilidad pero actúa con privilegios.
Hoy, el municipio enfrenta no solo los gastos por reparación, sino también la pérdida de credibilidad ante los ciudadanos que esperaban ver aquel vehículo convertido en un instrumento de ayuda, no en un símbolo de abuso.
El caso de la camioneta del DIF es una metáfora perfecta de esta administración: promesas rotas, opacidad en el uso de recursos públicos y un estilo de gobierno que confunde el servicio con el beneficio personal.
Mientras las luces de emergencia se apagan y el polvo del choque se asienta, la imagen de la camioneta siniestrada queda como testimonio del profesionalismo y la “responsabilidad” de quienes deberían dar ejemplo.





