Una inauguración sin brillo y con ausencias que pesan
La LIII Feria de Cadereyta debía ser, como cada año, la vitrina de identidad, orgullo y cohesión social del municipio. Sin embargo, la edición 2025 pasará a la historia por lo que no ocurrió: por las ausencias notorias, los vacíos simbólicos y las señales políticas que resultan imposibles de ignorar.
Un vacío en el protocolo
Por primera vez en 53 años, ningún gobernador del estado ni representante oficial acudió a la inauguración. Tampoco se hizo presente algún funcionario federal. El mensaje es claro: la feria perdió relevancia política, y con ella, la administración local quedó exhibida en soledad, incapaz de convocar ni a los aliados institucionales más básicos.
Coronación entre sotana y política
La coronación de Lupita I estuvo a cargo del párroco y de la presidenta municipal, Astrid Ortega. Un detalle que, más allá de lo anecdótico, refleja improvisación y ausencia de respaldo institucional. Incluso varios regidores del propio ayuntamiento decidieron no asistir, dejando ver fracturas internas y una evidente falta de consenso.
El desaire al campo
La exclusión de la Unión Ganadera Regional de Cadereyta (UGRC) es un golpe directo a las raíces de la feria. El ganado exhibido es de amigos del esposo de la Secretaria de Obras Públicas, Sin ganado, sin calificación, sin premiación y sin el tradicional convivio con los productores, el jueves ferial se convirtió en un fantasma de lo que alguna vez fue el corazón de la celebración. Es como quitarle la música a un baile: lo esencial se evaporó.
Un pueblo cercado
El bajo aforo en la inauguración tampoco fue casualidad. La presencia de un grupo musical desconocido, la ausencia de ex reinas con sus familias y, sobre todo, la decisión de cerrar con vallas metálicas la mayor parte de los accesos a la feria, reduciéndolos a apenas dos, generó un ambiente de desconfianza y malestar. Muchas familias optaron por retirarse antes de entrar, cansadas de la prepotencia de los pocos elementos de Seguridad Pública que, en lugar de brindar hospitalidad, actuaron con grosería y abuso de poder.
Más que una feria, un síntoma Lo ocurrido en la Feria de Cadereyta 2025 no es un hecho aislado, sino un síntoma. La política municipal se refleja en la feria: improvisación, ruptura con sectores estratégicos, desdén institucional y creciente desconfianza ciudadana. La feria era la oportunidad de mostrar músculo político y cohesión social; en cambio, mostró fractura, soledad y un distanciamiento cada vez mayor entre el gobierno local y su pueblo.






