El silencio de una exdiputada y la red tóxica que sacude a Querétaro
Hubo un tiempo en que el mercurio brillaba en los termómetros, tímido, contenido en su frasco de vidrio. Hoy, en cambio, corre libre por las venas de la ilegalidad. No en frascos, sino en contenedores camuflados, en bolsas de grava, en embarques con destino a la oscuridad de la minería ilegal. Y en el centro de esa red, como una sombra que se niega a desvanecerse, aparece el nombre de Alejandra Pulido Briseño: exdiputada del PAN, exfuncionaria del municipio de Querétaro… y ahora, según un informe explosivo, socias de un traficante de mercurio.
La revelación no vino de un medio de investigación, ni de una filtración gubernamental. Llegó desde Washington, de la mano de la Environmental Investigation Agency (EIA), una organización que no suele equivocarse. Su informe, titulado “Traffickers Leave No Stone Unturned” (“Los traficantes no dejan piedra sin mover”), desnuda lo que califican como el mayor contrabando de mercurio documentado en la historia de América Latina.
El hallazgo: 200 toneladas que no se evaporan
Según este informe, entre abril de 2019 y junio de 2025, más de 200 toneladas de mercurio salieron de las entrañas de la Sierra Gorda, 14 mil 800 litros de mercurio líquido en Querétaro. Un volumen tan grande que, si se pusiera en un solo contenedor, pesaría más que cinco ballenas azules juntas. Y no fue solo un tráfico. Fue un negocio industrial, organizado, meticuloso, con rutas, socios, logística y, sobre todo, IMPUNIDAD.
Este mercurio no se usó para ciencia. Se usó para extraer oro ilegal, alimentando una cadena de destrucción que va desde las minas mexicanas hasta las selvas amazónicas. Cada tonelada de mercurio puede producir oro por valor de hasta 40 millones de dólares. En total, el botín ronda los 8 MIL MILLONES DE DÓLARES. Dinero que no se ve, pero que deja huella: en los ríos, en los peces, en los cuerpos de las comunidades indígenas que no saben que el pescado que comen los está envenenando.
Los rostros del negocio tóxico
Al frente de esta red, según la EIA, está Juan José Zamorano Dávila, un hombre con décadas en el submundo del contrabando. Su método es simple, perverso: compra mercurio a pequeños mineros —muchos de ellos bajo el control del CJNG—, lo mezcla con grava, lo embolsa y lo declara como “piedras decorativas”. Luego, lo embarca desde puertos como Manzanillo y Veracruz, con destino a Perú, Colombia y Bolivia.
Pero lo que convierte este caso en un escándalo político es el nombre que aparece junto al de Zamorano en el informe: Atziri Alejandra Pulido Briseño.
Sí, la exdiputada del PAN. Sí, la exsecretaria de Administración del municipio de Querétaro de LUIS NAVA. Sí, una mujer que juró SERVIR AL PUEBLO.
La EIA no la acusa de cargar bolsas. La acusa de saber. De estar al tanto de toda la operación. De ser, en sus palabras, “SOCIA” en este negocio. Y aunque no hay pruebas de que haya manejado el mercurio con sus manos, sí hay fotografías, documentos y testimonios que la colocan en el círculo más cercano del traficante.
Hasta el cierre de esta nota, no ha dicho una palabra. Se le solicitó una entrevista por diversos medios de comunicación, y hasta donde sabemos. No respondió. Ni un mensaje. Ni un “no comentaré”. Ni siquiera un emoji. SOLO SILENCIO.
Un silencio que, en casos como este, a veces pesa más que cualquier declaración.
Cómo funciona el tráfico (y por qué es tan peligroso)
El proceso es tan frío como eficiente:
- Se extrae el cinabrio (el mineral que contiene mercurio) de minas abandonadas o tomadas por el crimen organizado.
- Se enmascara: hasta cuatro toneladas de mercurio líquido se mezclan con grava y se declaran como material inofensivo.
- Se embarca: al menos 50 envíos fueron detectados: 37 a Perú, 10 a Colombia, 3 a Bolivia.
- Se procesa: en ciudades como Arequipa o Medellín, la grava se “lava”, y el mercurio se recupera —hasta el 90%.
- Se distribuye: el metal llega a zonas de minería ilegal, donde grupos como la FARC disidente o el AGC lo usan para amalgamar oro en medio de la selva.
Un traficante, citado en el informe, lo resumió con una frase que heló la sangre:
“Comercializar mercurio es como traficar cocaína… pero con menos vigilancia.”
Por qué esto nos debe importar a todos
No se trata solo de un escándalo político. Se trata de salud pública. De justicia ambiental. De ética.
- En la Sierra Gorda, los niveles de mercurio en el suelo están 150 veces por encima de lo permitido.
- En los ríos, los sedimentos tienen 1,400 veces más mercurio del límite legal.
- Y en la Amazonía, comunidades enteras están siendo envenenadas, sin saber que el oro que extraen con mercurio está destruyendo sus cuerpos.
México, por cierto, firmó el Convenio de Minamata, un tratado internacional para eliminar el uso del mercurio. Pero entre 2019 y 2021, el país reportó “cero producción” de mercurio. Mientras tanto, la EIA documenta una operación que no es artesanal, sino casi industrial.
Las reacciones: promesas, deslindes y una carpeta de investigación
- La Semarnat prometió en 2023 cerrar 19 minas en Querétaro.
Pero el informe revela que, entre 2024 y 2025, se construyeron torres de vigilancia en esas mismas zonas.
¿Protección ambiental? O ¿protección del negocio? - El PAN en Querétaro salió rápido a deslindarse:
“No toleramos actos de corrupción. Que se investigue, caiga quien caiga.”
Frases que suenan bien. Pero que no responden a la pregunta más incómoda:
¿Cómo llegó una exfuncionaria del partido a estar tan cerca del crimen organizado? - La Fiscalía General de la República (FGR) ya abrió una carpeta de investigación de oficio. Por ahora, es solo el inicio. Pero al menos, por primera vez, alguien está mirando.
¿Y ahora qué?
La EIA pide tres cosas urgentes:
- Cerrar las minas de mercurio antes de 2026.
- Reformar el Convenio de Minamata para prohibir totalmente el comercio internacional de mercurio.
- Investigar a fondo las redes de corrupción que permiten este tráfico.
Mientras tanto, el precio del mercurio sigue subiendo. Hoy ronda los 330 dólares por kilo. Y el CJNG, lejos de esconderse, presume de controlar territorios con torres, camionetas y armas.
Una reflexión final: el mercurio no se evapora
El mercurio, a diferencia de los escándalos políticos, no se borra con el tiempo. No se olvida. No se disculpa. Se queda. En el agua. En el suelo. En los huesos de los niños que nacen con daño neurológico porque comieron pescado contaminado.
Y si las autoridades no actúan ahora, no será solo un escándalo. Será UNA PANDEMIA tóxica, lenta, silenciosa, mortal. Porque el mercurio no necesita ruido para destruir. Solo necesita silencio. Y cómplices. Como el que, hasta ahora, mantiene Alejandra Pulido Briseño.





