En África Occidental
El reciente golpe de Estado en Níger, protagonizado por un grupo de militares encabezados por el general Abdourahamane Tchiani, ha encendido las alarmas en toda África Occidental y en la comunidad internacional. La destitución del presidente Mohamed Bazoum, democráticamente electo en 2021, representa un retroceso en el proceso de consolidación democrática de la región, ya marcada por episodios similares en Mali, Burkina Faso y Guinea.
Los golpistas justificaron su acción como una respuesta a “la degradación de la seguridad y la mala gobernanza”, aunque diversos analistas coinciden en que se trata de una lucha interna por el control del poder y los recursos del país, especialmente el uranio, del cual Níger es uno de los mayores exportadores del mundo. Francia, que tiene intereses estratégicos en la región, condenó el golpe y suspendió su cooperación militar y económica con el país africano.
La Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) amenazó con una intervención militar si no se restituye el orden constitucional, lo que ha llevado a un aumento en la tensión regional. Por su parte, Rusia y China han mantenido una postura ambigua, pero observan con interés la redefinición de alianzas en la región.
Mientras tanto, miles de ciudadanos nigerinos han salido a las calles, algunos apoyando al nuevo régimen militar, otros exigiendo el regreso del presidente Bazoum. La crisis amenaza con convertirse en un conflicto prolongado que desestabilice aún más una región ya afectada por el extremismo islamista, la migración forzada y la pobreza estructural. Los organismos internacionales hacen un llamado urgente al diálogo y a la protección de los derechos humanos.





