Colón, Querétaro.- El día de fiesta por San Isidro Labrador se tiñó de rojo en la comunidad de El Blanco, no por los fuegos artificiales que adornaban el cielo, sino por las llamas que brotaron de la tierra.
Era un ambiente festivo, cargado de pólvora, música y tradición. Sin embargo, el estallido de los cuetes que subieron con júbilo al cielo, al parecer también sembró las brasas que más tarde encenderían el susto en la comunidad. De acuerdo con testimonios, algunas varas encendidas cayeron sobre la maleza seca, provocando un incendio que rápidamente se expandió en una vivienda de la localidad.
Uno de nuestros seguidores nos compartió un video que da cuenta del momento exacto en que el fuego consumía con rapidez el terreno. Pero más revelador aún, fue su testimonio: “Los bomberos llegaron ya cuando los vecinos habían apagado el fuego”.
Con cubetas, mangueras y mucha valentía, los habitantes de El Blanco enfrentaron las llamas antes de que las autoridades hicieran acto de presencia. Y no es la primera vez que ocurre. En zonas rurales como ésta, la reacción de los cuerpos de emergencia suele medirse en minutos que pueden costar hectáreas… o vidas.
La escena deja una estampa tan común como alarmante: fiesta sin precaución, fuego sin control y autoridades que llegan cuando la emergencia ya se apagó… pero no la preocupación.
Mientras los vecinos apagan incendios con sus propias manos, en los pasillos del poder aún hace falta que alguien prenda una chispa: la de la prevención real, la regulación efectiva y la protección comunitaria que no dependa de la suerte o la heroicidad anónima.
Porque en El Blanco, esta vez no hubo tragedia. Pero tampoco hubo respuesta oportuna. Solo un susto… que pudo haber sido ceniza.





