y el municipio que no quiso mostrar ni un solo ticket de carga
Colón, Qro.- Si existe un rubro del gasto público municipal donde el robo hormiga es sistemático, documentado en auditorías de todo el país y difícil de detectar sin registros individualizados, ese es el combustible del parque vehicular. El mecanismo es simple: se reportan más litros de los que se cargaron, se cargan unidades que no salieron a trabajar, se usan vales o tarjetas de combustible para cargar vehículos particulares, o se contratan proveedores a precios superiores al mercado a cambio de facturas infladas. Todo eso ocurre en silencio cuando el control de combustible se lleva en papel informal, cuando los registros se presentan solo como totales mensuales y cuando nadie fuera del área puede cruzar los litros cargados con el kilometraje real de cada unidad.
En abril de 2026, como parte de la auditoría ciudadana que Voz y Testimonio realiza al municipio de Colón, Querétaro, se presentó la solicitud OAAZ-COLÓN-PM-2026-05-043, que pide el control completo de combustible del área de Servicios Públicos — carga por carga, unidad por unidad — para el periodo que va desde el último trimestre de 2024 hasta la fecha de respuesta.
¿Qué se pidió?
La solicitud se estructuró en tres bloques diseñados para hacer imposible la respuesta evasiva más común en este tipo de solicitudes: el «total mensual» que suma todo sin mostrar nada.
El primer bloque fue la base de datos de todas las cargas de combustible en Excel o CSV, con una fila por cada evento de carga: fecha y hora exactas, proveedor con razón social y RFC, litros cargados, importe, tipo de combustible, unidad beneficiada identificada por placa o número económico, lectura del odómetro al momento de la carga, centro de costo o subárea a la que se carga el gasto, folio del ticket o vale, y el nombre o cargo del servidor público que autorizó y recibió la carga. Ese nivel de granularidad —registro por carga, no totales— es lo que permite el análisis real: calcular el rendimiento de cada unidad, detectar cargas inusualmente altas o frecuentes, identificar unidades que se cargan en días que no tienen ruta asignada, o proveedores que facturan precios por litro superiores al mercado.
El segundo elemento de ese bloque fue el reporte de rendimiento por unidad y por mes: los kilómetros por litro de cada camión o vehículo del área, calculados a partir de los odómetros y los litros cargados. Ese indicador es la prueba de fuego del control de combustible — una unidad con rendimiento anormalmente bajo puede estar siendo usada para fines distintos a su ruta asignada, o sus cargas pueden estar siendo infladas en el registro.
El segundo bloque fue el soporte documental: el contrato, orden de servicio o resolución de adjudicación del proveedor de combustible, más las pólizas contables, CFDI y comprobantes de pago o la relación de pólizas con folios y montos. Esos documentos permiten verificar si la compra de combustible siguió un proceso de contratación formal y si los precios pagados corresponden a los del mercado en el periodo correspondiente.
El tercer bloque fue un candado específico sobre tarjetas y vales: si el municipio usa ese mecanismo para el suministro de combustible —que es común en muchos municipios— se pidió también el control interno de esas tarjetas: altas, bajas, responsables asignados y cualquier movimiento que permita saber quién tiene acceso a cargar combustible con cargo al erario y si ese acceso está debidamente controlado.
El municipio de Colón no respondió.
Ese silencio sobre el combustible de Servicios Públicos es uno de los más reveladores de toda la auditoría, precisamente porque el control de combustible es uno de los registros que cualquier municipio con una gestión mínimamente ordenada debería tener disponibles de forma inmediata. Los tickets de carga se generan en tiempo real. Los odómetros se leen en cada carga. Los contratos con proveedores se firman antes de iniciar el suministro. Si esos documentos existen y están en orden, compartirlos no representa ningún costo ni ningún riesgo institucional.
La negativa a responder deja abiertas preguntas que los ciudadanos de Colón tienen todo el derecho de hacerse: ¿cuántos litros de combustible compró el municipio para sus camiones de basura en 2025? ¿A qué precio? ¿Cuántos kilómetros recorrió cada unidad con ese combustible? ¿Hay unidades que consumen mucho y trabajan poco? ¿El proveedor de combustible fue seleccionado mediante algún proceso competitivo o por adjudicación directa?
Sin respuesta, esas preguntas permanecen abiertas. Y en materia de combustible municipal, una pregunta abierta siempre vale más dinero del que parece.
Solicitud: OAAZ-COLÓN-PM-2026-05-043 · Municipio de Colón, Qro. · Abril 2026












